jueves, 30 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Helena Mariño

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Helena Mariño.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una vez imaginé una casa con jardín en la que vivíamos todas las amigas y en la que conversábamos, cocinábamos, amábamos, escribíamos y bailábamos, estábamos en algo así como una sobremesa permanente mientras nos hacíamos viejas. Para que no se perdiese, escribí sobre esta casa y resultado terminó siendo toda la primera parte de Mira la palabra cómo brilla. Me quedaría a vivir en ese capítulo del libro.

¿Prefiere los animales a la gente? No. Quiero mucho a mi gata Macorina, pero soy posibilista en lo que respecta al ser humano.

¿Es usted cruel? Intento no serlo, la crueldad es el rasgo que más rechazo me produce en una persona.

¿Tiene muchos amigos? No sé qué cantidad exacta marca la línea entre pocas o muchas. Diré entonces que tengo muy buenas amigas.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La empatía, la sensibilidad, la inteligencia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, y no sé si tiene que ver con esta tendencia al posibilismo, con que son personas que meditan bastante sus decisiones, o ambas. Quizá porque acontece pocas veces, cuando ha sucedido lo he sentido como algo tremendamente doloroso.

¿Es usted una persona sincera? Procuro ser sincera, pero no estaría siéndolo ahora mismo si dijese que de vez en cuando no practico la mentirijilla piadosa.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Cualquier sábado libre es perfecto si leo mucho, escribo, salgo a pasear por mi ciudad, voy al teatro o veo una película y después voy con amigas a tomarme un vino generoso a La Venencia (mejor un palo cortado o un amontillado).

¿Qué le da más miedo? La equidistancia.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El capitalismo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? De pequeña quería ser arqueóloga-patinadora sobre hielo. Aún no he renunciado a este sueño de infancia.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta dar paseos largos, pienso mejor caminando. Ahora que soy una persona de cierta edad y no quiero perder capacidades físicas, lo justo y con desgana pero voy al gimnasio.

¿Sabe cocinar? La mayoría de los días cocino por supervivencia, pero soy diligente a la hora de seguir los pasos de una receta medianamente compleja si hago una cena multitudinaria en casa.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Aurora Venturini, me parece una persona fascinante y su obra es de una inteligencia feroz.  

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Asombro.

¿Y la más peligrosa? Ultraderecha.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? A menudo, cuando leo o escucho declaraciones de sujetos de ultraderecha.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en la necesidad de insistir en la generación de presente, en pensar en cómo es una vida vivible (en lo climático, lo político y lo íntimo) y en la lucha contra la idealización del pasado. Me asusta mucho también la tendencia a la atomización social y el auge de la manosfera. Cuando me desespero, acudo al Atlas para un mundo difícil, de Adrienne Rich. Es mi libro de autoayuda.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Desde hace más de veinte años, dos cosas que son una: Lyra Belacqua -la protagonista de la saga La materia oscura de Phillip Pullman- y el daimonion Pan, su propia alma que habita fuera de su cuerpo en forma animal.

¿Cuáles son sus vicios principales? Fumar y ver true crimes mientras hago elíptica en el gimnasio.

¿Y sus virtudes? Soy feminista, soy insistente y resistente y sigo creyendo en la posibilidad de construir un futuro vivible, siempre recuerdo lo que he soñado y de vez en cuando escribo algún poema que está bastante bien.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? El sábado libre y perfecto que he descrito en una de las preguntas anteriores, un viaje largo por carretera con mi pareja cantando canciones de una playlist que hemos creado adrede para ese momento, la vez primera que sostuve en las manos mi primer libro y sentí su peso, un momento de euforia compartida en una manifestación, las olas de la playa de La Lanzada cualquier agosto de mi infancia.  

T. M.