Recientemente, desde Ediciones del Subsuelo me pidieron que recomendara 5 libros de la literatura rusa para su newsletter, y esto es lo que preparé al respecto:
Fiódor Dostoievski, Diario de un escritor
Dostoievski publicó una serie de textos de carácter misceláneo en una revista que acabaría constituyendo su Diario de un escritor: un conjunto de escritos reflexivos y personales, sociológicos y periodísticos, narrativos y morales que vieron la luz entre los años 1873 y 1881; todo un collage de impresiones, recuerdos e historias reales e inventadas: crónicas de sucesos y de juicios populares a maltratadores y asesinos que destacan, sobre todo, por su trasfondo costumbrista. Ahí surge el Dostoievski más sensible, más ocupado en relacionar la sociedad de su tiempo con el alma rusa ancestral. Periodista tras noticias de la calle, detective de las vidas privadas de las gentes anónimas, Dostoievski aguza el oído en barcos y trenes, e imagina tras sus rostros el pasado de los desconocidos. Escribe acerca de Pushkin, del Quijote, de Anna Karénina, de la «sombría» San Petersburgo, del «lenguaje» de los borrachos, de lo triste que se siente los domingos…
Lev Tolstói, Anna Karénina
Tolstói instala a su protagonista en el corazón de
la aristocracia rusa y la somete a una presión moral constante. Aparte de vivir
una pasión, Anna encarna el modo en que se puede desafiar a un orden que se
sostiene en la apariencia y la reputación. El relato la rodea de un aparato
ético que la examina, la comprende y, en cierto modo, la juzga. El personaje se
precipita hacia un abismo pasional, pues Tolstói dramatiza el conflicto y lo
integra en una visión moral del mundo. Las mujeres de Tolstói parecen inscritas
en una historia mayor que las trasciende, de modo que el sufrimiento de Anna es
expansivo, casi exhibicionista y por lo tanto temerario. Tolstói hace que la
sociedad la condene, pero también ella misma se juzga, de ahí que el
padecimiento emocional en la novela se convierta en una colisión entre pasión,
culpa y exclusión.
Antón Chéjov, El reino de las mujeres
Algunos protagonistas de Chéjov nos inquietan porque
no se atreven a nada, porque comprenden las cosas demasiado tarde, porque se parecen
demasiado a nosotros. Por ejemplo, el relato El reino de las mujeres
(1894) no desemboca en una ruptura argumental mínimamente llamativa, pues la
marca de la casa de Chéjov estriba en evitar el dramatismo y proporcionar al
lector un desenlace ejemplar. Lo que en realidad se transforma es la conciencia
de la protagonista, dado que Anna comprende que su poder es limitado:
administra bienes, pero no gobierna el sentido de su propia vida, así que la
riqueza la convierte en benefactora, pero también la fija en el papel que los
otros esperan de ella.
Yevgueni Zamiatin, Nosotros
Esta distopía ejerció una influencia directa sobre Orwell (este la
reseñó poco antes de escribir 1984). Y realmente haría bien cualquier
lector en intentar que no le pasara lo mismo y se animara a conocer esta
historia ambientada en el siglo XXVI y ubicada en una ciudad con muros y
edificios de cristal —para que la vida de las gentes sea del todo transparente—,
de signo totalitario, y que fue prohibida y olvidada en la Unión Soviética,
hasta que pudo ver la luz en 1988, con la llegada de la perestroika. La
escribió entre 1920 y 1921, y puede interpretarse como una sátira,
increíblemente fantasiosa hace cien años, inquietantemente posible en el futuro
—como ya nos tiene acostumbrados la ficción audiovisual—, de cómo la URSS
maniató a sus súbditos hasta cotas que, de no haber sido tan sanguinarias,
resultarían cómicas por su psicopatología ridícula.
Borís Pasternak, El doctor Zhivago
El autor estuvo marcado por la prohibición de
publicar en la URSS este libro que tan popular se hizo gracias al cine en su
adaptación de 1965. El escritor se vería obligado, ante las presiones del
presidente del país Nikita Jrushchov, a renunciar al Premio Nobel que le habían
concedido en 1958, al año siguiente de publicar su novela en Italia. El Partido
Comunista italiano había intentado que no viera la luz. Se trata de la historia
del doctor Yuri Zhivago, ambientada en la Primera Guerra Mundial, la Revolución
rusa de 1917 y la posterior guerra civil de 1918-1920; al autor se le acusó de
hablar de los avatares rusos bélicos y sociales con subjetividad y poniendo el
énfasis en el padecimiento individual ―alejado, pues, del interés colectivo
comunista― de un hombre que es apartado de su mujer e hijo al ser designado
médico militar en el frente de la Gran Guerra.









