jueves, 27 de marzo de 2025
Publicación de "El amor por la muerte en la cultura germana. De Goethe a Günter Grass y del antisemitismo al Muro de Berlín"
miércoles, 26 de marzo de 2025
Entrevista capotiana a Francine Zapater
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Francine Zapater.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Bàgneres-de-Luchon, en el sur de Francia. Mi
lugar favorito en el mundo, a orillas del rio Garona, rodeada de montañas,
lagos, crêpes y cabinas de teléfono antiguas donde intercambiar libros
gratis.
¿Prefiere los animales a la gente? No sé si
es una cuestión de preferencia, pero me siento más cómoda acariciando a un
perro que entablando una conversación con otra persona. Aunque lo disimulo
bastante bien.
¿Es usted cruel? Más bien sarcástica,
pero intento controlarlo porque luego me arrepiento. No me gusta hacer daño
gratuito a nadie, así que suelo usar el humor para encubrir alguna que otra
puñalada cargada de sarcasmo. En el plano literario sí que soy muy cruel. A
veces me sorprendo a mí misma de las maldades que invento sobre el papel.
¿Tiene muchos amigos? No. Soy una
antisocial extrovertida. Un concepto extraño, lo sé, pero me define bastante
bien y limita mis amistades. Me relaciono alegremente con todo el mundo, aunque
con muy poca gente comparto mi tiempo y mi vida. Los amigos que tengo puedo
contarlos con una sola mano y me sobran dedos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? No soy buena
buscando cualidades. En ocasiones he conocido a personas que no he soportado en
un primer contacto y después han acabado siendo imprescindibles en mi vida. Al
revés también me ha pasado. Conectar con alguien de una forma brutal y acabar
en agua de borrajas.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Una vez, hace muchos
años, hubo una persona que consideraba amiga, de esas que tanto me cuesta tener
en mi vida, que me decepcionó. Pero como de todo se aprende, desde entonces no
le pongo el letrero de amigo a cualquiera ni tengo altas expectativas en
aquellos que logran ganarse ese título.
¿Es usted una persona sincera? Me gustaría
decir que sí, pero miento más veces de las que voy a reconocer. Muchas otras me
muerdo la legua para evitar conflictos o bien recurro al humor para enmascarar
una verdad. Es posible que la sinceridad no sea tan buena como la pintan. A
veces bajo esa supuesta cualidad podemos ser muy crueles con los demás.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Como buena escritora
leer es una de mis aficiones favoritas, pero no la única. Me encanta ir de
excursión a la montaña, jugar al Cluedo o al Monopoli con mis hijos, tomar una
cerveza bien fría con mi pareja sin mirar el reloj o grabar videos de humor
para TikTok.
¿Qué le da más miedo? El fracaso y la falta de control, en cualquier aspecto de mi vida. Me
aterra que las cosas no salgan como yo las tengo planeadas. Es algo en lo que
estoy trabajando porque siento que limita mis posibilidades. Me encantaría ser
capaz de soltar y dejar que la vida me sorprenda, pero me cuesta porque tengo
miedo a que eso desemboque en fracaso.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Me escandaliza la facilidad para hacer juicios ajenos que
tenemos todos los seres humanos y esa obsesión insana por imponer nuestra
verdad al resto como la única posible y aceptable.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa,
¿qué habría hecho? Tener
una pequeña librería donde montar pequeños clubs de lectura de cuatro o cinco
personas e invitar a escritores y vender sus obras como si fueran propias. De
hecho, es un futuro que no lo descarto.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Una cosa
que llaman “caco” y que yo no tenía ni idea de que alguien le había puesto un
nombre. Lo que viene a ser caminar y correr. Cuando me canso de correr, me
pongo a caminar y vuelta a empezar. Por lo visto los que paramos para recuperar
el aliento sin hacer kilómetros corriendo del tirón, estamos en esa categoría.
¿Sabe cocinar? Sí,
y me encanta. Hasta me atrevo a cocinar recetas búlgaras para la alegría de mi
marido que es de ese país. Aunque mi plato fuerte es el arroz meloso con rovellons
y pollo. Una fantasía para el paladar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? ¡Qué difícil elegir! Aunque a día de hoy escribiría sobre Pere Gil i
Estalella. Un jesuita y calificador de la Santa Inquisición, que hizo uso de su
cargo para defender a las mujeres que acusaban de brujería en el siglo XVII. Su
historia me impactó cuando me documentaba para mi novela, y su coraje para
enfrentarse a otros religiosos y defender su postura, también. Otro tema es que
a esa revista le interesase la vida de este buen señor.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Comprensión. Si conseguimos aceptar al otro,
comprenderlo, sin querer cambiarlo, el mundo será un lugar mejor.
¿Y la más peligrosa? Razón. Todo el mundo quiere tenerla. Nadie está dispuesto a perderla y ha
arrastrado a la humanidad a una infinidad de desgracias.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Solo en la ficción.
Por fortuna nunca me he encontrado en una situación tan extrema como las que le
provoco yo a mis personajes. En la vida real con alejar a las personas tóxicas de
mi vida tengo suficiente. Cuando eso sucede, siempre me acuerdo del refrán: “tanta
paz lleves como gloria dejas” y sería en sumun de mi venganza.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Soy de izquierdas, aunque no tengo una afinidad especial por un partido
específico. En las ultimas tres elecciones, nunca he votado al mismo, pero
siempre he votado a la izquierda.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? No quiero ser otra cosa. Aunque estaría bien mejorar mi propia versión,
con más seguridad en mí misma, más facilidad para dejarme llevar y sin síndrome
de impostora. Y en el caso hipotético de que exista eso de la reencarnación,
vivir la vida de mi perro no me parece mala idea.
¿Cuáles son sus vicios principales? Las películas románticas de navidad, esas super predecibles donde siempre
está nevado y un milagro de Papá Noel lo arregla todo al final. La Nutella con
pan que desayuno los domingos, pero que me comería todos los días y a todas
horas. Y comprar nuevos libros, aunque tenga una pila de pendientes en la
estantería de casa.
¿Y sus virtudes? Mi
sentido del humor y mi empatía. Intento relativizar todo lo que puedo el malestar
ajeno soltando chascarrillos hasta en situaciones difíciles. Si logro
arrancarle una sonrisa a alguien que está triste me siento feliz. El único
inconveniente es que al ser tan empática sufro mucho si, más allá de hacer reír
a esa persona, no logro darle una solución real a su problema.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un amanecer en la montaña buscando setas con mi padre. Mi madre y yo
bailando en el salón de casa. Las payasadas nocturnas de mi hermana mayor para
dormirnos a mi otra hermana y a mí cuando éramos pequeñas. Las risas con mi
familia hasta que nos duele la barriga. Los abrazos de mis hijos. El primer
beso de mi marido en nuestra primera cita. Y como soy tan controladora y planificadora,
aprovecharía esos últimos instantes de vida para ordenar cada una de las
imágenes y reproducirlas en orden de mayor a menor intensidad emocional, no
vaya a ser que fluyan desordenadas y además de ahogarme me dé un infarto.
T. M.
martes, 25 de marzo de 2025
Un artículo viajero sobre el hotel Le Méridien Barcelona

lunes, 24 de marzo de 2025
Entrevista capotiana a David Fajardo Rodríguez
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Fajardo Rodríguez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una cabaña alejada,
llena de libros, cuadernos en blanco y muchos víveres.
¿Prefiere los animales a la gente? Ambos, amor y crueldad pueden convivir en esas dos dimensiones. Yo me
quedo con el amor, provenga de donde provenga.
¿Es usted cruel? Prefiero
definirme como justo, que es una virtud más alta que la bondad. Y en la
justicia a veces uno es cruel con quien lo merece, y extremadamente bondadoso
con quien corresponde.
¿Tiene muchos amigos? No. Cada vez me cuesta más hacer uso de esa palabra tan seria. Pocos,
pero confiables y cercanos en principios y sensibilidades.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Profundidad y valores.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Como restrinjo esa cota, pocas sorpresas me llevo, pero alguna decepción
siempre llega en el viaje.
¿Es usted una persona sincera? Sí, me considero una persona sincera.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Familia, lectura y escritura. También ejerciendo el arte de no hacer
absolutamente nada, asunto que, en estos tiempos de agresivo neoliberalismo
productivo, está muy demonizado.
¿Qué le da más miedo? La ignorancia cuando se combina con el poder. Desgraciadamente, lo
estamos viendo demasiado.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Nuestra capacidad para no
aprender y reproducir errores.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Muy
pocas personas pueden hacer de la escritura su medio de vida, es más bien un
ejercicio de resistencia y supervivencia. Yo me dedico profesionalmente a la
psicología, no elegiría nada distinto a lo que he hecho.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta el pádel, el yoga y caminar.
¿Sabe cocinar? No
se me da mal, lo que me cuesta encontrar son el tiempo y las ganas.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Nicholas Winton.
Me parece un ser extremadamente humano y valiente.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Luz.
¿Y la más peligrosa? Todas las que contemplen la
capacidad de borrar el mundo: Guerras, genocidios…
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Por ahora no, aunque en algún poema me he llevado a alguien por delante.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Aquella que va de la
mano de la justicia y la equidad. La que no juzga, la que comprende, aquella en
la que todos tenemos espacio.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Pianista, pero sin gloria. Un músico sombrío que toca para que otros
tejan su vida mientras la música suena.
¿Cuáles son sus vicios principales? Los libros.
¿Y sus virtudes? La
escucha.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Creo que serían cosas sencillas, escenas familiares, cotidianeidades
varias. Nada trascendental.
T. M.
jueves, 20 de marzo de 2025
Un artículo viajero sobre el Hotel Almanac Barcelona
miércoles, 19 de marzo de 2025
Entrevista capotiana a Víctor Herrero de Miguel
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Víctor Herrero de Miguel.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Quizás es que vivo,
allí donde en cada momento me toca vivir, como si fuera ese el único lugar,
consciente de que allí está, al alcance, todo lo que a la vida le hace falta.
¿Prefiere los animales a la gente? Prefiero a
la personas que cuidan a los gatos. Como aquel verso de Borges que nombra como
uno de los justos a quien acaricia a un animal
dormido.
¿Es usted cruel? Sé que ninguno, en
determinadas circunstancias, estamos libres de caer en la crueldad. Por eso,
levanto bien alta la cerca y me protejo, para que no entren en mí esas bestias.
¿Tiene muchos amigos? Tengo amigos de muy
profunda amistad. Y, en lo profundo, nunca hay masas.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Más que buscarla, he encontrado su capacidad de quererme sin hacerme
igual a ellos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? Tengo la inmensa fortuna de no haber probado jamás esa hiel.
¿Es usted una persona sincera? Si dijera que no, resultaría que, al estar mintiendo, sí que lo soy.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Soy fraile franciscano, doy clases de literatura antigua y soy poeta. No
tengo muy claras las fronteras entre el tiempo libre y otros tiempos.
¿Qué le da más miedo? Dañar. Dejar de agradecer. Volverme exigente o descuidado.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? La delectación en el mal.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Me
encantaría haber sido jardinero o guarda forestal, pero entonces seguiría
estando muy cerca de la poesía.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? A diario
camino unos diez kilómetros. De vez en cuando corro. Me gusta la montaña. Y
estoy aprendiendo a estirar.
¿Sabe cocinar? Sé
hacer lo necesario pero sé que no lo hago bien.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Francisco de Asís.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Umbral.
¿Y la más peligrosa? La que se emplea de forma absoluta: Dios, dinero, naturaleza, progreso,
libertad, sexo, yo.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, pero reconozco haber sido infectado por el virus de la indiferencia
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que conducen al encuentro, las que conceden tiempo a la gente, las
que se centran en cuidar.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Podría decir que me gustaría ser jilguero, pero es mejor ser yo y seguir
contemplando a los jilgueros.
¿Cuáles son sus vicios principales? Si algo de verdad no me interesa lo más mínimo, carezco de capacidad de
fingir.
¿Y sus virtudes? Saber leer,
escuchar, contemplar.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Rostros de seres que amo.
T. M.
martes, 18 de marzo de 2025
Ir de museos a los Países Bajos sin salir de casa
Realmente, es una oda al subjetivismo y a la moda imperante actual de destacar lo emocional como vara de medir el mundo en vez de un camino de análisis y conocimientos científicos. Este enfoque personalista sigue hasta ver cómo la autora tiene una especial querencia por el arte neerlandés, por una anécdota familiar, pero en todo caso es un buen trabajo para conocer más a Fabritius, «un joven de un sombrío atractivo»; pero también para fijarnos en detalles de la obra de pintores como Rembrandt u otros menos conocidos como Hendrick Avercamp, cuyos «cuadros muestran un mundo helado».
Publicado en La Razón, 7-XII-2024
lunes, 17 de marzo de 2025
Entrevista capotiana a Álvaro Guijarro
En 1972, Truman Capote publicó un original
texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato»
(en Los perros ladran,
Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez.
Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y
costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista
capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Álvaro
Guijarro.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? San Vicente de la
Barquera (Cantabria), aunque es duro en invierno. Mi madre empezó a ir con mis
hermanos y conmigo cuando yo tenía 14 años, y desde entonces. Aprendería a jugar
bolos cántabros, me conocerían en la lonja y sabría diferenciar las mareas. Si ese
lugar, por el contrario, fuera un lugar metafísico, y eligiera el fuego, como
Jean Cocteau cuando le preguntaron qué salvaría de un incendio, tal como canta la
banda Migala, no saldría nunca de mi intimidad.
¿Prefiere los animales a la gente? Trabajé algunos años en el Museo de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y fue
una experiencia mágica, si bien esos animales estaban disecados/naturalizados. Ya
en vivo, tengo una gata carey que se llama K., ahora que ha sido el aniversario
de Kafka, y que ha aprendido mucho desde que salió de un antro en la Sierra,
del cual me pidieron que no compartiera las señas, para que la gente no llevara
gatos allí. Desde luego, a esa gente no la elegiría. Todo el mundo es todo el
mundo, etc.
¿Es usted cruel? No,
claro que no y oficialmente. De hecho, la crueldad es una de las cualidades
humanas que más temo. En perspectiva, parece el resultado de lo aprendido allí,
en el Infierno, cuando no se transforma en algo más común como la burla, la
ridiculización o el ataque al más débil, hacia los que los crueles se
enemistan.
¿Tiene muchos amigos? Tantos como para sentir que el camino ha sido suficiente, o los caminos.
Por épocas o etapas, tengo amistades de veinte años y otras de los últimos
meses. Y, en algún momento malo, ha sido un hecho que había amigos, y además
buenos. Los amigos son un milagro; el tesoro que retornara siempre a nosotros. Suelo
dedicar una parte de la tarde-noche a hacerles llamadas, todavía en analógico.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? Ternura, empatía, sentido del humor…, y un alto sentido de la
conversación. Me gusta admirar el carisma de mis amigos, su bienestar, todo lo
que se merecen. Quedarme impactado en una silla ante lo que acaba de decir X, hacer
Y, y seguir y actuar como si nada. ¡Como si esa belleza fuese habitual,
presente, cotidiana!
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, y los que me
decepcionaron me hicieron entender que no eran tan amigos míos.
¿Es usted una persona sincera? El «yo» que escogí es confesional,
pero sin mentir, está bien tener algún secreto, lo que no evita seguir siendo
sincero. De todas formas, máscara y persona se atan por algo. Dicho esto, una cosa es la
literatura y otra la vida, por mucho que algunos confundan hasta lo literal lo
que expresa un yo en una página impresa.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Pasear todo lo que
puedo y pensar ahí, en esa libertad, e ir a la matinal en los cines Verdi,
cuando es posible. Aprovechar el día desde temprano, leer, escribir y trabajar
y que el trabajo no me embrutezca; más los afectos. Y tengo una relación
especial con la ciudad, que bien mirado, es el origen de la Modernidad: la del
sujeto en ese escenario, con sus imágenes, ritos y correspondencias. De ahí al
situacionismo y la deriva hay un paso, y más hoy en día.
¿Qué le da más miedo? El verme
absorbido por el propio miedo, que muchas veces es irracional. Lo irracional
apoderándose de lo racional, sin que haya nada que pueda pelear contra esa naturaleza
neta. Y el señalamiento y la humillación de mis acciones.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? El propio escándalo, que es una suspensión del tiempo
donde todo es presente.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Hubiera sido fotógrafo
(aunque también lo soy, en menor medida que escritor). Arte fundacional, es un
lenguaje que aprendí antes incluso que el de la escritura y que siempre me ha
acompañado, pero no le he dedicado el tiempo necesario como para poder ponerlo
en primer plano. En él, decir «memoria», «abismo», «vitalidad» es mucho más difícil, aunque
parta de lo real-real, que con palabras.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? El del
paseo, como Robert Walser, con el que comparto además otras cuantas cosas
personales. O al menos ahora, como que lo pequeño es grande y viceversa.
¿Sabe cocinar? El cuestionario se pone técnico. La
respuesta es «sí», pero no soy ningún virtuoso, aunque tengo platos a-los-que-vuelvo,
como pasa con El Quijote.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Sylvia Plath, y a
todos los niveles. Del humano al literario al celestial.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Sabiduría.
¿Y la más peligrosa? Violencia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Prometo que no, y lo
juraría, pero no me gusta la connotación del juramento.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Una izquierda leída
por algunas de las vanguardias del siglo XX, o bajo su actitud. Tengo también
amigos anarquistas, hacia los que siento cercanía. En general, más partidario
de la justicia social, la igualdad y unas condiciones de vida dignas para todos
que partidista de partidos, que me han conducido a cierto desencanto. A la
política he llegado yo por vías profundas, verdaderas, de papel en sociedad.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? El que aún
no soy, pero seré.
¿Cuáles son sus vicios principales? El tabaco, principalmente.
Aunque mi amigo Nico fumó todo lo que pudo hasta los 30 y luego se quitó: ésa fue
la promesa que él mismo se hizo, ¿no es brillante? También bebo mucho café con
leche, y soy perfeccionista hasta la médula.
¿Y sus virtudes? Que lo digan otros.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Pensaría en mi madre, que sufrió más de lo debido y me entregó un
testamento abstracto. No me atrevería a pedir un mondadientes como Alfred
Jarry, o tal vez sí, si hubiera alguien conmigo. Pensaría en que lo hice, aquí,
de la mejor manera, y me acordaría de los días enamorados, de las fiestas, de
los vínculos que vinimos a trazar. Y cuando mi cuerpo tocara la arena, pensaría
que eso es el Más Allá.
T. M.
domingo, 16 de marzo de 2025
Irse “a la Cochinchina” hasta Borneo y Camboya
El vasto mundo de los dichos populares nos dice que «irse a la Cochinchina», o referirse a alguna cosa que «está en la Cochinchina», es sinónimo de aludir a un sitio tan desconocido como lejano. Lo explica así la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA): «Uno se puede ir de viaje lejos. Luego puede irse de viaje más lejos aún. Pero sólo cuando se ha ido a la Cochinchina el interlocutor entenderá que está realmente en un sitio tan raro y lejano como para no seguir preguntando más».
Todo el mundo asentirá tras leer esta definición, pero tal vez pocos sabrán que el nombre de Cochinchina (o Conchinchina, no se sabe cuándo ni por qué se le añadió una ene) es hoy el sur de Vietnam y, mucho menos, que España tuvo una relación directa con la zona al apoyar la iniciativa de Francia de anexionar ese territorio, en el delta del río Mekong y llamado originalmente Annam, que los galos rebautizaron como Cochinchine. En un año muy reciente, un libro escrito por un militar que presenció todo aquello —fue segundo jefe de las tropas españolas destinadas en esa zona, de 1858 a 1863— y que se publicaría en Cartagena en 1869, el mariscal de campo Carlos Palanca Gutiérrez, titulado Reseña histórica de la expedición de Cochinchina (Miraguano, 2015) reavivó ese episodio prácticamente olvidado.
Tal olvido era denunciado por Alejandro Campoy Fernández, oficial del Ejército de Tierra en activo, en una breve pero muy completa nota al comienzo del extenso volumen, dado que semejante y exótica expedición apenas está reflejada en los libros de estudios secundarios; se dedica, como mucho, «algún párrafo a esta hazaña bélica que desgarró la vida de más de mil españoles en tierras ajenas y hostiles y que no tiene la conmemoración histórica que a todas luces merece».
Pero ¿de dónde partió la decisión de que las tropas españolas alcanzaran una región tan lejana, tanto en lo geográfico como en lo que respecta a sus intereses políticos o económicos por aquel entonces, como el Reino de Annam durante la segunda mitad del siglo XIX y que, asimismo, iba a constituir el comienzo de la colonización gala de Indochina? Campoy lo resume del siguiente modo: «La participación de España en la guerra de la Cochinchina es consecuencia del compromiso internacional que adquirió nuestro país con la firma del Tratado de la cuádruple Alianza compuesta por Gran Bretaña, Portugal y Francia. Las ambiciones mercantiles y comerciales de este último país demandaron la colaboración del nuestro y requirió la cooperación de un contingente español acuartelado en Filipinas, compuesto por más de 1.500 soldados españoles y tagalos».
Ir más allá
Fue un acto valiente aquel, como lo refleja el hecho de que durante seis meses varias docenas de soldados españoles en Saigón resistieran tenazmente las embestidas del enemigo, a la espera de que llegaran refuerzos franceses, y un acto sacrificado sin rédito alguno de ninguna clase; de hecho, el resultado sería sangriento por el número de bajas sufridas, que se añadirían a los asesinatos previos de diversos misioneros españoles por orden de los mandarines locales. Al fin, se firmó un tratado en 1862, entre Francia, España y el Reino de Annam, por el que Francia recibía varias provincias annamitas y España, una indemnización de guerra por su participación en un conflicto bélico que había empezado en 1858.
Pues bien, el libro que presentamos a continuación tiene mucho de este ejemplo de Cochinchina: «Conquistas prohibidas: Españoles en Borneo y Camboya durante el siglo XVI», es decir, se trata de un texto por completo desconocido y reproduce, por decirlo con el subtítulo, las «relaciones de viaje, memoriales y breve y verdadera relación de los sucesos del reino de Camboya de fray Gabriel de San Antonio». Una historia, así las cosas, de conquistas, poder y dominio, sobre, también, la aventura española en ultramar que ha editado el académico Juan Gil, que destaca nada más empezar que «a nadie se le oculta que el ímpetu conquistador de los españoles», puesto que, «lejos de detenerse en las islas llamadas Filipinas en honor de Felipe II, hizo suyo el emblema de Carlos I, Plus ultra, y quiso ir más allá, sometiendo a su dominio las islas y tierras comarcanas».
La mirada histórica y filológica de Gil quedó reflejada en el hecho de que fue asesor del Pabellón del Siglo XV de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Este catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, y licenciado en Filosofía y Letras, además de catedrático de instituto, profesor de Filología Latina de la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de esa misma especialidad en la Universidad de Sevilla, ha sido pionero de los estudios del latín medieval en España, con trabajos sobre el latín de los visigodos y los mozárabes, y entre sus especialidades destaca la especial atención a la historia de Cristóbal Colón en tres libros. En resumidas cuentas, estamos ante un experto en los asuntos que presenta en «Conquistas prohibidas», en que se centra en las expediciones militares enviadas a Borneo y a Camboya.
Estas fueron auspiciadas por sendos gobernadores, Francisco de Sande y Luis Pérez das Mariñas, en un contexto en que la religión tenía una trascendencia social y diplomática absolutas. De esta manera, Sande «exigió al sultán de Brunei que prohibiese en sus dominios la enseñanza del Corán. En definitiva, “la predicación del Evangelio” fue “el designio principal de Vuestra Majestad y de sus católicos antecesores”, como Guido de Lavezaris [maestre de Campo y Contador de la Armada que descubrió las Islas del Poniente, en Filipinas] recordó al rey el 25 de julio de 1567». Pero Felipe II no necesitaría tales indicaciones, pues él mismo explicó, prosigue relatando Gil, «el motivo que lo impulsaba a prolongar sus dominios por el Sureste asiático.
sábado, 15 de marzo de 2025
Entrevista capotiana a María Ovelar
En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Ovelar.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder
salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Sin duda, una isla; el
mar salvaje en invierno, tranquilo en verano, con hamacas en los pinares, robledales
en las colinas y cardúmenes entre arrecifes. Abundarían las bibliotecas y
librerías, los centros comunitarios, las residencias artísticas, la comida
sabrosa, la gente y los animales.
¿Prefiere los animales a la gente? Depende de qué gente. Tengo fe en el ser humano, pero los gatos nunca me
defraudan.
¿Es usted cruel? Intento no serlo, pero la escritura tiene algo de
disección, y eso puede ser cruel.
¿Tiene muchos amigos? Tengo la suerte de tener unas amigas y amigos
maravillosos, una familia elegida que crece y se nutre a cada paso.
¿Qué cualidades busca en sus amigos? La bondad, el sentido del humor, la parresia, el entusiasmo, la pasión.
¿Suelen decepcionarle sus amigos? No. Pero debemos aprender que muchas veces no son ellos los que decepcionan,
sino nosotros los que nos sentimos desilusionados tras imponerles el yugo de la
expectativa.
¿Es usted una persona sincera? Sí, mucho. Ya lo dijo Pessoa, "El poeta es un fingidor. Finge tan
completamente que hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente".
Y estoy más con él que con Platón, que en La República, expulsaba a los poetas
de su ciudad ideal porque consideraba que eran mentirosos y manipulaban las emociones
del pueblo con sus ficciones. Pero hay una gran verdad en la mentira de los
poetas.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Escribiendo, haciendo el amor, visitando exposiciones, viajando,
acariciando a Totoro, mi gato.
¿Qué le da más miedo? Dormirme y despertarme en una oficina gris atrapada en un relato de Kafka
sin final.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice? Un mundo sin poesía, sin
reflexión, sin amistad, sin amor. La guerra, la violencia (contra todo ser vivo).
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho? Me
resisto a pensar que solo los llamados artistas son creativos, todo ser es un
artista, todos creamos. Hay muchas profesiones que me fascinan, la
arquitectura, la arqueología, la restauración…
¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí: practico yoga, corro, nado. Y bailo mucho. Adoro bailar.
¿Sabe cocinar? Sí,
aunque no siempre encuentro el tiempo para hacerlo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A cualquiera de las mujeres anónimas que cocinaron, lavaron la ropa de
sus maridos e hijos, plancharon camisas mientras urdían un plan para escapar de
la dominación.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza? Amor.
¿Y la más peligrosa? Guerra.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, pero en la ficción
he matado ya a mucha gente.
¿Cuáles son sus tendencias políticas? Antifascista, anticapitalista, antirracista. De izquierdas. Feminista.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Pintora y escultora.
¿Cuáles son sus vicios principales? La nostalgia y el perfeccionismo.
¿Y sus virtudes? La curiosidad, la
pasión, la perseverancia, la capacidad de asombro, la paciencia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Un atardecer con mi amigo Chuchi y una cerveza en Famara (Lanzarote), la sonrisa
de mi madre al verme disfrutar de sus canelones, la mirada de mi padre en el crepúsculo
lento de Villaescusa, el instante antes de besar a Eros, yo recitando Contención
mecánica en frente del Ministerio de Salud; Totoro persiguiendo un fantasma
debajo de una sábana en mi cuarto, mi amiga Sara tocando el piano, Notre Dame
de Paris cuando corrí la medio maratón…
T. M.