jueves, 7 de noviembre de 2013

Entrevista capotiana a Federico Andahazi



En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Federico Andahazi.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El estrecho espacio comprendido por la Patagonia argentina, el norte de Brasil y los océanos Atlántico y Pacífico (tal vez podría incluir el Caribe, Manhattan y el barrio latino de París).
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero los buenos animales a la mala gente y la buena gente a los malos animales.
¿Es usted cruel?
Sí, sobre todo con mis personajes literarios.
¿Tiene muchos amigos?
Depende del criterio de la abundancia y de la carencia que tenga cada uno. Para algunos, dos puede ser una multitud y cien, nada. Basta asomarse a las redes sociales.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Mis amigos suelen carecer de cualidades; de otro modo no serían mis amigos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Todo el tiempo. Aunque, en realidad soy yo quien los defrauda más a menudo.
¿Es usted una persona sincera?
Nunca podría serlo. Soy novelista. Mi oficio es el de mentir. 
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Afortunadamente vivo de la literatura. Es decir, todo mi tiempo es libre.
¿Qué le da más miedo?
La estupidez.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La gente que aún conserva la tendencia a escandalizarse.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiese sido una mujer voluptuosa y lasciva que entregaría su cuerpo a los escritores, particularmente a un escritor argentino bastante proclive al erotismo cuyas iniciales son Federico Andahazi.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Cuando fumaba intentaba compensar con ejercicio físico. Por suerte pude abandonar el vicio y ya no hago ningún tipo de ejercicio.
¿Sabe cocinar?
Sí, pero no quiero que se entere mi esposa y me condene a los infiernos de la cocina.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
¿Existe todavía el Reader’s Digest?
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Ley.
¿Y la más peligrosa?
Ley.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, por supuesto.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Las que no intenten imponerme sus principios, sus ideas y su visión del mundo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Nunca me había considerado a mí mismo como una cosa, pero si Ud. me ve de esa forma ¿quien soy yo para convencerlo de lo contrario?
¿Cuáles son sus vicios principales?
Adhiero a la creencia general de que los vicios no se definen por su carácter principal, sino más bien por lo opuesto. Sería como creer que existen vicios mejores que otros.
¿Y sus virtudes?
Disimular mis peores vicios.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Escribí un cuento sobre ese mismo tópico. El personaje se está ahogando en la piscina de su casa y no puede dejar de pensar en tener sexo con la prima de su esposa. Lo sobrevive una erección pertinaz.

T. M.