sábado, 22 de marzo de 2014

Entre Freud y unas pesadas chinches

El delirio más absurdo, combinado con velados presupuestos psicoanalíticos, se mezcla en esta obra de rotunda originalidad del que fuera primero contrario a las teorías de Freud aunque acabara por tomarlas como inspiración para su novela epistolar “El libro del Ello”. Por supuesto, aquí el subconsciente es el protagonista, pero visto desde lo grotesco, lo ridículo, lo ordinario y lo extravagante. Tal cosa la ejemplifica Thomas Weltlein, el llamado “buscador de almas”, un solterón de cotidianidad ordenada que sufre la presencia de una hermana viuda y su hija, casadera, y sobre todo, de unas chinches imposibles de exterminar que lo harán desquiciarse y convertirse en otro hombre.

Kafka hubiera sonreído con esta historia mordaz que se ensaña con su protagonista, que enferma, enloquece, muestra su otra cara mientras su problema con las chinches se convierte en “la comidilla de toda la ciudad” (trasunto de Baden-Baden). Y es que somos obedientes del ello (del inconsciente), y cuando eso ocurre sin cortapisas el enredo está servido. Groddeck coloca a su bufón burgués de inicios del siglo XX y desmonta la lógica de la sociedad, pues la mirada ha cambiado: “La crueldad, la envidia, la estupidez, todo se le aparecía ahora, de repente, bajo una nueva luz”. Una luz que iluminará su sensatez, sinónimo de rarezas para todos los demás.

La edición es magnífica por cuanto aporta además (con traducción de José Aníbal Campos) cuatro apéndices muy interesantes: uno, de Freud, firmado junto a su colega Otto Rank, en el que defiende el libro frente a la Sociedad Psicoanalítica Suiza, que había protestado por considerarlo “pornográfico”. Otro del psicoanalista húngaro Sándor Ferenczi, en alusión a la efectivamente importancia del instinto sexual en el pensamiento médico de Groddeck y a la manera en que éste eligió el género narrativo para presentar sus conclusiones “sobre la enfermedad y la vida, sobre los hombres y sus instituciones”. Otro sobre el escritor vienés Alfred Polgar, que afirma: “Ningún narrador en nuestra lengua se ha atrevido a escribir algo tan osado, chocante, refinadamente inteligente y disparatado”. Y otro más del escritor Otto Jägersberg, que cuenta la relación de Groddeck con el que posibilitó finalmente la publicación de la obra en 1919, que no fue otro que Freud.

Éste, tan buen lector de los clásicos, le propondría subtitular la obra “Una novela psicoanalítica”, y vería en ella indiscutibles detalles quijotescos; pero Groddeck también ha sido vinculado con el Swift más sarcástico y el Rabelais más políticamente incorrecto. Con una forma de escribir, en suma, paródica, para desde la burla llegar a la verdad: en su caso, la del análisis psicoanalítico y la condición humana general.


Publicado en La Razón, 20-III-2014