sábado, 25 de abril de 2015

Un autor sin sumisiones

El autor cáustico por excelencia de las letras europeas, Michel Houllebecq, aquel que se regocija de su pesimismo y presume, como en su anterior novela, “El mapa y el territorio” –donde él mismo era un personaje más–, de que «los medios de comunicación franceses me detestan», recordaba en otro libro, “Intervenciones”, su famosa afirmación que dio la vuelta al mundo tiempo atrás: «El Islam es la religión más estúpida». Para añadir al instante otra de sus declaraciones políticamente incorrectas: «El respeto se ha vuelto obligatorio, incluso para las culturas más inmorales e idiotas». Provocador y con gusto por la polémica, Houllebecq sólo está armado de unos dedos que empuñan un bolígrafo o teclean un ordenador a la hora de concebir osadas ficciones; otros, en cambio, disparan y su punto de mira queda salvajemente ensangrentado: en una casualidad increíble, su novela “Insumisión” salía a la venta el día (7 de enero) en que fueron asesinados diversos componentes de la redacción del tebeo satírico “Charlie Hebdo” por parte de terroristas yihadistas. Increíble porque el autor francés presentaba un texto basado en la islamización del país galo y en una sociedad abocada al conflicto en el futuro año 2022.

La prensa vecina ya se había ido haciendo eco de la obra desde el pasado mes de diciembre dado su controvertido argumento, y ya la tenemos aquí: un ejercicio de política-ficción, en clave anticipatoria, en el que se expone la forma en que, tras las elecciones presidenciales y el fin del mandato de François Hollande, el llamado partido Fraternidad Musulmana desbanca a Marine Le Pen del poder que está a punto de conseguir y se hace con los mandos de la nación. Todo a partir del punto de vista narrativo del protagonista, François, un profesor universitario de mediana edad experto en Joris-Karl Huysmans, objeto de sus lecturas en su periodo de doctorado; un escritor con el que, sin duda, Houllebecq se siente muy identificado porque, en su momento despertó escándalo con su obra “Al revés” (en 1884), subversiva, exaltada y excéntrica. Las referencias a los escritos de Huysmans, sobre todo a “En camino”, con reflexión católica como trasfondo, y a la decadentista “En familia”, son uno de los “leitmotiv” de “Sumisión”, junto con el otro elemento frecuente en el autor de “Plataforma”: el sexo, o íntimo o con prostitutas, en escenas de tono pornográfico siempre.

Así aparecen las mujeres en la novela, sumisas en la cama, pero también de esta manera calificará el narrador a las musulmanas, abnegadas, entregadas a sus maridos en una Francia que François primero teme y luego intenta comprender mediante observaciones propias en París o conversaciones con distintos personajes que le van abriendo los ojos ante el juego soterrado político que se irá desarrollando. El candidato Mohammed Ben Abbes llega al Palacio del Elíseo con el ánimo de islamizar todas sus instituciones públicas, como la universidad de la Sorbona, y los medios de comunicación. El bipartidismo hegemónico que ha estructurado la política francesa desde la Quinta República queda abolido, y Fraternidad Musulmana, liderada por ese hombre que, se dice, es más retorcido que Miterrand, se centra en los niños y las mujeres para cambiar la sociedad: primero, porque quien controla a los más pequeños controla el porvenir, y por ello se garantiza la educación islámica a todos los niños franceses; segundo, porque la mujer, ya con burka por todas las calles de forma natural y corriente, ha de abandonar los estudios y el trabajo y regresar en exclusiva a su tarea doméstica para dejar al hombre toda la iniciativa y el poder de decisión.

Hollande y Le Pen –que sale aquí deseándose parecerse a Angela Merkel en sus preferencias al vestir– comparten páginas con Manuel Valls o Sarkozy –por cierto, Patrick Besson acaba de parodiar al ex presidente en «La Mémoire de Clara», donde ha convertido a Carla Bruni en una anciana en ruinas y con alzhéimer– y, en medio de esa fase de transición en que todo indica al parecer que Francia mejora en porcentajes de paro y de delincuencia y en el interés de las monarquías del Golfo Pérsico a la hora de invertir en París, François, despedido de la universidad por no ser musulmán, se trasladará al sudoeste del país. Lo cual coincide con la acción de judíos próximos, como la familia de su amante, que huye al extranjero por temor al trato que puedan recibir de la nueva Administración (incluso Greenpeace se ve condenada a desaparecer). No en vano, al comienzo de la novela se presenta una Europa al borde de la guerra civil, de un clima de desconfianza y peligro inminentes y en el que existe una especie de policía política que vigila los movimientos de ciertos extremistas.

Política-ficción o futuro plausible, “Sumisión” es una de las narraciones más interesantes que ha firmado Houllebecq; éste pisa el suelo en el que se siente más cómodo: el de la crítica desaforada a la sociedad en general y a nuestros hábitos occidentales, insinuando que el sometimiento que proyecta la novela nos concierne a todos, en realidad. François, en un momento dado, se sorprende de cómo la historia política pueda afectar su propia vida tan directamente, en un ambiente de distanciamiento desmesurado entre la población y los políticos y en que se respira un aire de caos y violencia de consecuencias imprevisibles. En aquellos días de la aparición del relato en Francia, Houellebecq dijo que es posible parar la inmigración pero no la islamización, en un contexto en el que el laicismo social generalizado en Europa ha sido apartado a un lado ante la potencia de la religión musulmana, tan extendida mediante flujos migratorios desbordantes. Mañana, o el año 2022, o el siglo que viene, darán o quitarán la razón a esas palabras.


Publicado en La Razón, 23-IV-2015