domingo, 1 de julio de 2018

Entrevista capotiana a José Luis Gómez Toré


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Luis Gómez Toré.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
No me gustaría vivir en ningún lugar del que no pudiera salir. Un paraíso del uno no pudiera escapar se convertiría, inevitablemente, en un infierno.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, en absoluto. Me fascinan los animales, pero me gusta verlos en libertad. Me gustan porque no son humanos. Y desconfío de la gente que trata a los animales como si fueran sus congéneres.
¿Es usted cruel?
En la vida, me gustaría pensar que no, puesto que la crueldad es algo que detesto. Insisto: en la vida, no en la literatura. Comparto plenamente la tan citada frase de Kafka, según la cual la escritura debe ser el hachazo que rompa el mar helado que está dentro de nosotros. El escritor puede y debe ser cruel en ocasiones. En primer lugar, consigo mismo.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes. Uno tiene ya una edad en la que la expresión “muchos amigos” comienza a resultar sospechosa.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Temo ser tópico, pero ahí no soy demasiado original (en realidad, no creo ser demasiado original en nada): sinceridad, lealtad, inteligencia, buen humor…
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Intento serlo… Aunque uno no está nunca seguro ni siquiera de no engañarse a sí mismo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
No tengo mucho tiempo libre. Digamos que leyendo, escribiendo, yendo al teatro o al cine, jugando con mis hijos…
¿Qué le da más miedo?
La crueldad. La indiferencia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Véase la pregunta anterior.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé si un poeta es un escritor. Desde luego, rara vez lo es a tiempo completo. De hecho, yo dedico más tiempo a enseñar, a corregir ejercicios y exámenes o a preparar mis clases que a escribir poemas, ensayos o crítica literaria. Así que, de vivir otra vida, a lo mejor me hubiese gustado ser escritor, solo escritor. O no.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Si ejercicio físico significa deporte… he de reconocer que ahora no. Antes, andaba bastante y también nadaba. Actualmente camino mucho menos y no voy a nadar, pero no paro en todo el día. Y jugar con mis hijos pequeños puede ser también un ejercicio físico bastante agotador.
¿Sabe cocinar?
Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Son tantos a los que uno admira… Quizá a Paul Celan.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Futuro.
¿Y la más peligrosa?
Futuro.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Conscientemente, no. Al menos, que recuerde (no hace falta haber leído a Freud para saber que el olvido suele ofrecernos una imagen mejorada de nosotros mismos).
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Detesto el apoliticismo (mejor dicho, no creo en su existencia), pero me disgusta la insistencia en definirse dentro de una tribu o un clan, que es lo que a menudo esconde el empeño en que uno haga pública su afiliación política. Dicho esto, no puedo sentirme identificado con ninguna ideología que considere que el actual juego de poderes es inamovible, o que no tenga como prioridad unas condiciones dignas mínimas para todos los seres humanos, o que identifique la defensa de la libertad con los privilegios, con la libertad de unos pocos. Creo que habría que darle la vuelta al lema conservador de la política como arte de lo posible, que suele esconder precisamente el miedo a las posibilidades que esconde lo real. Me gustaría verme a mí mismo como un partidario de lo posible. Si eso es ser de izquierdas, digamos que lo soy…
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Músico, por ejemplo, de jazz. O personaje de una novela de aventuras, qué se yo…
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy bastante desordenado… y tiendo a darle demasiadas vueltas a las cosas. Tampoco sé estar sin no hacer nada (y eso me parece, en el fondo, un gran defecto). Supongo que si pensara un poco más, la lista amenazaría con ser interminable.
¿Y sus virtudes?
La curiosidad. Y a veces, un defecto como darle muchas vueltas a las cosas, puede ser una virtud, pero quién sabe…
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Supongo que los rostros mis hijos, mis seres queridos… aunque, si la mente siempre es imprevisible, en un momento como ese todavía más. La verdad es que prefiero no imaginármelo.
T. M.