domingo, 14 de junio de 2026

Entrevista capotiana a Anselmo Ramos

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Anselmo Ramos.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Estoy enamorado de Hawái. De su mar, de su naturaleza, del espíritu de su gente. Fue amor a primera vista. Pero es una pregunta trampa. Necesito tener a mis seres queridos cerca. Así que elijo Málaga, donde no se vive nada mal, ¿eh?, aunque tenga su lado oscuro y desaparezcan jóvenes como Elisa en el arranque de Acordes para un crimen.

¿Prefiere los animales a la gente? Jamás. Siempre a las personas. Lo que ocurre es que en este mundo hay algunas —pocas, pero que hacen mucho ruido— que se asemejan más a las bestias y en esos casos prefiero cualquier animal o planta.

¿Es usted cruel? No, pero seguro que hay alguien por ahí que no piensa lo mismo. A lo largo de mi vida, como todos, he hecho daño, y seguro que ha habido ciertos momentos en los que he pecado de crueldad. Es de iluso pensar lo contrario. La perfección no existe. Y, además, aburre.

¿Tiene muchos amigos? Sí. Y a raíz de la publicación de Acordes para un crimen, su cariño me ha desbordado. Como dice la canción La hermandad, de Love of Lesbian, «es tiempo de agradecer que en tiempos tan solitarios en lealtades aún podamos creer».

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Solo una: que sean buenas personas. Puede parecer simple, pero me parece el mejor elogio que le pueden hacer a alguien. Y, luego, por lo que sea, conectas con personas determinadas sin ninguna razón lógica, siendo muy diferentes a uno mismo.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Creo que yo más a ellos. Si pesamos las decepciones en una balanza casi seguro que salgo perdiendo. Eso sí, hay que asumir las decepciones como parte de la vida, pedir disculpas con cero ego, y olvidar cualquier rencor. Hacia adelante siempre.

¿Es usted una persona sincera? Sí, pero también odio el sincericidio. Hay que tratar bien a las personas, hacerles sentir lo mejor que puedas. Y ser sinceros cuando hay que serlo. No ganas nada diciéndole a alguien en una boda que su conjunto le sienta fatal, cuando ya no se puede cambiar y le vas a amargar la fiesta. En cambio, si estás en tu trabajo y has cometido un error, no lo tapes. Lo dices, lo asumes, y sigues.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Estando con mi gente, leyendo, escribiendo, haciendo deporte, tomándome unos vinos, comiendo, viajando... En definitiva, viviendo. Y cuántos más placeres sumes a la ecuación, mejor.

¿Qué le da más miedo? Que le ocurra algo a mis seres queridos. Y ya es terror si hablamos de hijos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Con la superposición de barbaries de los últimos tiempos el nivel de escandalización ha descendido notablemente. Pero sí, afortunadamente, la deshumanización me escandaliza aún. Si es el término adecuado, ya que se queda bastante corto cuando, por ejemplo, vi el vídeo realizado con Inteligencia Artificial en el que dos bestias se tumbaban en un pretendido resort y otra lanzaba billetes a niños como los que en ese mismo momento estaban siendo asesinados a destajo en el mundo real por su propia acción.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Lo que he ejercido también: el periodismo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Las lesiones me apartaron del fútbol de primer nivel, por lo que ahora me conformo con salir a correr y al gimnasio. Bueno, lo de las lesiones es verdad. Lo de primer nivel no, pero me gusta decirlo.

¿Sabe cocinar? Lo intento al menos. Me esmero sobre todo en las cenas de fin de semana en casa, más tranquilas, pero me gustaría sacar tiempo para seguir recetas nuevas que se salgan de mis platos de sota, caballo y rey.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Jesucristo. Para mí es el personaje más importante de la Historia. Y estaría muy bien imaginar cuáles serían sus acciones si aterrizara en esta época.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Paz.

¿Y la más peligrosa? Guerra. Y perdón por la poca originalidad...

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Bueno, bueno. Esta es la entrevista más interesante que me han realizado… ¿Y si digo que lo he hecho ya? Pues sí, pero en la ficción claro. Acordes para un crimen es el ejemplo de ello.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Sí, claro. Y así no me leen los de la otra parte… Si sirve de algo, me gusta analizar medida a medida, y si esta me parece adecuada, más allá de qué partido la propugne. Lamentablemente, en la actualidad no hay líderes ejemplares con valores que apliquen en sus políticas y en sus vidas. Por ello, estamos condenados a elegir a los menos malos, no a los mejores. Y no me gusta nada la polarización que se ha instalado y que a mí solo me gusta con respecto a los personajes de mi novela, ya que quiero que los odies o los ames. Es el único sitio donde quiero polarización.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Déjame, que estoy muy bien en mi cuerpo. No quiero ser ni más, ni menos, ni otra cosa.

¿Cuáles son sus vicios principales? Despiste y desorden. Y si son otro tipo de vicios, me remito a la respuesta de los placeres para ocupar el tiempo libre a una pregunta anterior.

¿Y sus virtudes? Una sí me voy a atribuir: considerar poco importante la mayoría de las cosas que me suceden. Eso me permite minusvalorar los fracasos o las situaciones negativas y, eso sí, las positivas las celebro a lo disfrutón como si hubiera ganado una Champions. El ejemplo más claro son las situaciones mágicas que me está deparando Acordes para un crimen y que estoy paladeando sin freno.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Momentos vividos con mis seres queridos. Seguro. Me fijo a veces en la gente que tiene mucho dinero y tiene un rostro de amargura porque le ha ido mal tal o cual operación económica. Siempre pongo el ejemplo de Botín, el banquero del Santander. ¿Alguien cree que en su lecho de muerte pensó en si esa acción debería haber subido más o en cualquier tontería del trabajo que en el día a día vemos crucial? Todos vamos a morir. Intentemos disfrutar a tope de la vida y no tomar como importante lo que no lo es.

T. M.