Mostrando entradas con la etiqueta Entrevista capotiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevista capotiana. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

Entrevista capotiana a Diego Rodríguez Reis

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Diego Rodríguez Reis.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Desde niño, siempre soñé con un espacio reducido donde poder leer y escribir sin ningún tipo de incomodidad (muy a lo Kafka). La palabra “búnker” es una de mis palabras preferidas de todas las lenguas.

¿Prefiere los animales a la gente? En general, no. En particular, sí.

¿Es usted cruel? Creo que la crueldad (como la envidia, los celos o el rencor) precisan una constancia de la que carezco por completo.

¿Tiene muchos amigos? No, muy pocos, circunstancia que deploro cual lamento en ciertas ocasiones y celebro en otras.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que la amistad es como el amor (es una de las formas del amor). Es decir, en ese universo, uno no busca, sino que encuentra. Mis amigos son perfectos e imperfectos así tal cual son.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, tal vez porque no espero de ellos cosas que sé que no me pueden dar. Suena a verdad de Perogrullo, pero si un amigo te decepciona, habría que revisar nuestra definición personal de amistad, o la letra chica de ese contrato tácito de amistad.

¿Es usted una persona sincera? Por lo general, sí: ello me suele acarrear tiempo de debates y discusiones. Por otra parte, debatir y discutir son de mis actividades predilectas.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, escribiendo, mirando “One Piece” o pelis policiales de los años cuarenta.

¿Qué le da más miedo? Perder la poca lucidez mental que tengo. Perder a la gente que quiero.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Ver a alguien o a un pueblo tropezar dos, tres o cien veces con la misma piedra.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me cuesta horrores imaginarlo, pero creo que algo relacionado con la jardinería o el paisajismo (aunque veo un filo creativo también allí).

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Juego al fútbol 5 todos los domingos. Hago bicifija día por medio mirando documentales de cualquier índole.

¿Sabe cocinar? Me encanta cocinar de todo, desde lo más básico a lo más complejo: me gusta hacer pan, asados, empanadas, guisos. Y cada tanto, algo nuevo: mi aprendizaje más reciente fue el ramen, sigo practicando.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Dos: a Diego Armando Maradona o al cineasta Tarsem Singh.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Memoria.

¿Y la más peligrosa? Olvido.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, creo que no.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que incluyen a todos los habitantes de un pueblo, las que se ocupan de todas las dimensiones de las necesidades de un pueblo. El nombre es lo de menos, creo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Uh, guionista de cine, en el Hollywood de los cuarenta; o en el plano de la ficción, ser Watson, ser el mejor y único amigo de Holmes.

¿Cuáles son sus vicios principales? La lectura, los puzles, los buenos vinos.

¿Y sus virtudes? Creo que soy un buen profesor de Lengua y Literatura; y un mejor tallerista de Escritura Creativa. Y un escritor tolerable, a veces.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Escenas del cine y la literatura, supongo, soy muy intertextual: pensaría en la escena de Ulises llegando a la isla de los feacios; en el cuento “El nadador” de Ricardo Piglia; en la “Solaris” de Stanislav Lem y en la “Solaris” de Tarkovsky; y en ese planeta todo de agua en “Interestelar”. Y en el hermoso día en que nacieron mis hijos, claro, todo eso en el mismo instante eterno.

T. M.

jueves, 30 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Helena Mariño

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Helena Mariño.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una vez imaginé una casa con jardín en la que vivíamos todas las amigas y en la que conversábamos, cocinábamos, amábamos, escribíamos y bailábamos, estábamos en algo así como una sobremesa permanente mientras nos hacíamos viejas. Para que no se perdiese, escribí sobre esta casa y resultado terminó siendo toda la primera parte de Mira la palabra cómo brilla. Me quedaría a vivir en ese capítulo del libro.

¿Prefiere los animales a la gente? No. Quiero mucho a mi gata Macorina, pero soy posibilista en lo que respecta al ser humano.

¿Es usted cruel? Intento no serlo, la crueldad es el rasgo que más rechazo me produce en una persona.

¿Tiene muchos amigos? No sé qué cantidad exacta marca la línea entre pocas o muchas. Diré entonces que tengo muy buenas amigas.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La empatía, la sensibilidad, la inteligencia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, y no sé si tiene que ver con esta tendencia al posibilismo, con que son personas que meditan bastante sus decisiones, o ambas. Quizá porque acontece pocas veces, cuando ha sucedido lo he sentido como algo tremendamente doloroso.

¿Es usted una persona sincera? Procuro ser sincera, pero no estaría siéndolo ahora mismo si dijese que de vez en cuando no practico la mentirijilla piadosa.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Cualquier sábado libre es perfecto si leo mucho, escribo, salgo a pasear por mi ciudad, voy al teatro o veo una película y después voy con amigas a tomarme un vino generoso a La Venencia (mejor un palo cortado o un amontillado).

¿Qué le da más miedo? La equidistancia.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El capitalismo.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? De pequeña quería ser arqueóloga-patinadora sobre hielo. Aún no he renunciado a este sueño de infancia.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Me gusta dar paseos largos, pienso mejor caminando. Ahora que soy una persona de cierta edad y no quiero perder capacidades físicas, lo justo y con desgana pero voy al gimnasio.

¿Sabe cocinar? La mayoría de los días cocino por supervivencia, pero soy diligente a la hora de seguir los pasos de una receta medianamente compleja si hago una cena multitudinaria en casa.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A Aurora Venturini, me parece una persona fascinante y su obra es de una inteligencia feroz.  

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Asombro.

¿Y la más peligrosa? Ultraderecha.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? A menudo, cuando leo o escucho declaraciones de sujetos de ultraderecha.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Creo en la necesidad de insistir en la generación de presente, en pensar en cómo es una vida vivible (en lo climático, lo político y lo íntimo) y en la lucha contra la idealización del pasado. Me asusta mucho también la tendencia a la atomización social y el auge de la manosfera. Cuando me desespero, acudo al Atlas para un mundo difícil, de Adrienne Rich. Es mi libro de autoayuda.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Desde hace más de veinte años, dos cosas que son una: Lyra Belacqua -la protagonista de la saga La materia oscura de Phillip Pullman- y el daimonion Pan, su propia alma que habita fuera de su cuerpo en forma animal.

¿Cuáles son sus vicios principales? Fumar y ver true crimes mientras hago elíptica en el gimnasio.

¿Y sus virtudes? Soy feminista, soy insistente y resistente y sigo creyendo en la posibilidad de construir un futuro vivible, siempre recuerdo lo que he soñado y de vez en cuando escribo algún poema que está bastante bien.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? El sábado libre y perfecto que he descrito en una de las preguntas anteriores, un viaje largo por carretera con mi pareja cantando canciones de una playlist que hemos creado adrede para ese momento, la vez primera que sostuve en las manos mi primer libro y sentí su peso, un momento de euforia compartida en una manifestación, las olas de la playa de La Lanzada cualquier agosto de mi infancia.  

T. M.

lunes, 27 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Almudena Fernández Ostolaza

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Almudena Fernández Ostolaza.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Hay muchos lugares que adoro: Bilbao, San Sebastián, L´ampolla, Córdoba, Almería…, pero creo que mi ciudad favorita es Madrid.

¿Prefiere los animales a la gente? En absoluto.

¿Es usted cruel? No, para nada. Aborrezco la crueldad. Nunca me ha fascinado el personaje del mítico asesino en serie con una mente privilegiada. Destruir, humillar o insultar es lo más fácil que existe, lo brillante es construir y crear.

¿Tiene muchos amigos? Tengo buenos amigos y amigas. Aunque, como me he trasladado de ciudad muchas veces, ha sido inevitable perder el contacto con algunas personas muy cercanas en otras épocas, y me parece una pérdida terrible.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Tolerancia, lealtad y que sean divertidos.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Alguna vez me ha pasado, como a todo el mundo, pero es la excepción.

¿Es usted una persona sincera? Lo intento. Observé mucho el tema de la mentira y la traición para mi segunda novela, y me sorprenden las cotas de mentira que manejamos todos habitualmente en nuestras vidas. Y, sobre todo, de autoengaño.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encantan los viajes familiares y las tertulias literarias. Leer y bailar siempre han sido mis dos pasiones. Ahora también escribir: cuando descubrí el placer de escribir novelas cambió por completo mi propio enfoque sobre la soledad. Antes la rehuía, ahora la valoro mucho para poder meterme de lleno en inventar tramas y personajes.

¿Qué le da más miedo? Muchísimas cosas: la velocidad, las alturas, los espacios cerrados, los espíritus, los zombis, los asesinos de carne y hueso… la lista es interminable.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? El genocidio de Gaza y que la gente haga alarde de cosas que antes daban vergüenza: el racismo, la violencia, la ignorancia…

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Mi verdadera profesión es la de notaria, pero, si se trata de fantasear, me habría encantado ser profesora de literatura.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Solo bailar y caminar.

¿Sabe cocinar? No. No tengo paciencia. Soy muy afortunada por vivir en Bilbao porque aquí todo el mundo cocina de lujo. Yo suelo llevar el vino.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A alguna de mis escritoras favoritas: Elena Ferrante, Maggie O´Farrell, Fred Vargas o Almudena Grandes. Quizá Harper Lee, la querida amiga de Truman Capote.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Igualdad.

¿Y la más peligrosa? Dictadura.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Me cuesta hacerlo hasta en las novelas. Me desagrada muchísimo la violencia y me molesta incluso “convivir” con mis propios personajes violentos.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? No comprendo a la gente que va a votar a favor de destruir la sanidad pública solo porque odien a Pedro Sánchez. ¿No se dan cuenta de lo que pierden? ¿De verdad se han tragado que sus seguros privados de risa van a resolverles gratis un cáncer o una cirugía cardiaca?

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Bailarina del equipo de Rosalía o Bad Bunny.

¿Cuáles son sus vicios principales? La fantasía (ver respuesta anterior), y la pereza.

¿Y sus virtudes? Amabilidad y ecuanimidad.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Recordaría los momentos más dulces con mis hijos y mis hermanos.

T. M.

viernes, 24 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Alma Sampedro

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alma Sampedro.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una biblioteca. Con buena luz, una cafetera y libros suficientes para no llegar nunca a la última estantería. Y sin obligación de ordenarlos alfabéticamente: bastante larga sería la eternidad como para volverla también previsible.

¿Prefiere los animales a la gente? Depende mucho del animal y, sobre todo, de la persona. Pero admito que los animales tienen una costumbre muy saludable que inclina la balanza a su favor: nunca pierden el tiempo intentando parecer lo que no son.

¿Es usted cruel? No. Aunque, como escritora, a veces someto a mis personajes a ciertas calamidades que en la vida real me parecerían imperdonables. Supongo que la literatura es el único lugar donde una puede ser despiadada y luego defenderse alegando exigencias del argumento.

¿Tiene muchos amigos? Nunca he sentido la tentación de hacer recuento. Con los amigos me pasa como con los libros: prefiero unos pocos que me acompañen durante años a una estantería llena de nombres.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No las busco. Las buenas amistades, como los buenos libros, suelen aparecer por sorpresa. Pero me quedo con la gente honesta, leal y coherente, con sentido del humor y sin demasiada afición a hacer de sí misma un personaje.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? A veces, claro. Pero intento no pedirles una perfección que yo tampoco sabría mantener más de cinco minutos seguidos. Todos venimos con alguna errata de fábrica; lo importante es que no ocupe el libro entero.

¿Es usted una persona sincera? Lo intento. Además, la mentira me parece un sistema bastante ineficaz: obliga a tener mucha memoria y yo prefiero emplearla en recordar historias.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Escribiendo, leyendo y disfrutando de mi familia. A veces incluso consigo combinarlo: ellos están conmigo y yo, además, con media docena de personajes.

¿Qué le da más miedo? Las pérdidas para las que no existe una palabra capaz de volverlas más pequeñas. Prefiero no concretar demasiado: hay miedos que, mientras no se nombran, parecen guardar mejor las distancias.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Cada vez me escandalizan menos cosas; quizá porque la realidad lleva años empeñada en subir el listón. Pero la falta de integridad todavía lo consigue, sobre todo cuando viene acompañada de un discurso impecable.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Creo que la creatividad habría acabado encontrándome de una forma u otra. Probablemente habría seguido dedicándome a otra profesión para ganarme la vida, pero también habría terminado escribiendo, cocinando, cantando o inventando cualquier otra excusa para crear. Algunas personas tienen aficiones; yo sospecho que tengo un problema de imaginación.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Sí, aunque mi rutina deportiva ha conocido tiempos más ambiciosos. He practicado bastantes deportes; ahora me mantengo en forma subiendo y bajando escaleras por casa con una disciplina que ningún entrenador consiguió imponerme. Confío en reencontrarme pronto con el gimnasio, si él no ha rehecho ya su vida.

¿Sabe cocinar? Sí. Adoro cocinar y, casi sin darme cuenta, la cocina termina apareciendo en muchas de mis historias. Debe de ser mi manera de asegurarme de que los personajes no pasen hambre.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Nora Ephron. Escribió sobre el amor, el desamor, la comida y las pequeñas catástrofes cotidianas con una inteligencia que nunca renunció a hacer reír. Me parece admirable: bastante difícil es entender la vida como para explicarla sin perder el sentido del humor.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? «Todavía». Me gusta porque se empeña en dejar una puerta entreabierta. Mientras exista un «todavía», siempre queda algo por intentar.

¿Y la más peligrosa? «Nunca». Es la palabra que intenta hacerle creer a «todavía» que ha llegado demasiado tarde.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No. Pero en algunas de mis novelas he dedicado bastante tiempo a imaginar crímenes, coartadas y formas de no dejar huellas. No por vocación, sino por necesidades de la trama; en la vida real prefiero conflictos que puedan resolverse sin intervención forense.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que desconfían de cualquiera que prometa soluciones sencillas para problemas complejos, sobre todo cuando esas soluciones caben en un eslogan.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Cualquiera de mis perros. Todos han resuelto la existencia con bastante más sensatez que nosotros: comen a su hora, duermen sin culpa y reciben como un acontecimiento histórico que alguien regrese del supermercado.

¿Cuáles son sus vicios principales? Empezar un libro nuevo antes de terminar el anterior, tanto al leer como al escribir. Tengo una relación muy optimista con mi capacidad para llevar varias historias a la vez; las historias, en cambio, quizá tengan otra opinión.

¿Y sus virtudes? La tenacidad. Cuando creo de verdad en algo, me cuesta mucho abandonarlo. A veces es perseverancia; otras, simple cabezonería. Todavía estoy intentando averiguar dónde termina una y empieza la otra, aunque sospecho que la respuesta depende bastante del resultado.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Supongo que desfilarían las imágenes de rigor: las personas que quiero, algunos lugares, quizá algún libro que dejé a medias. Pero antes pensaría que ahogarse es una muerte muy poco considerada con una escritora: todo sucede demasiado deprisa y no permite corregir el final.

T. M.

miércoles, 22 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Noelia Casanova

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Noelia Casanova.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Elegiría una playa cerca de un pinar. MAR Y PIÑONES, por ese orden. Amo el mar, la mar, la espuma y las mareas; y los piñones son delicias para el alma hambrienta.

¿Prefiere los animales a la gente? Siempre, siempre dame cuatro patas y unas orejas astutas y en alerta. Animales para mi alma y mi corazón.

¿Es usted cruel? No, ni en pensamiento ni en obra. Soy incapaz de matar, lastimar o torturar a ningún ser vivo. Sin embargo, soy atrozmente cruel verbalmente si alguien me ofende desde la maldad o la envidia.

¿Tiene muchos amigos? Pocos y buenos. Surgieron de la excelencia y por ello se valoran aún más.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Lealtad, palabra de honor y sinceridad.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Los pocos no. Nunca. Los comunes y colegas, bastante últimamente.

¿Es usted una persona sincera? Sinceramente, soy asquerosamente sincera.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Escribiendo, escuchando a los que son más sabios que yo, viajando y viviendo dignamente.

¿Qué le da más miedo? La enfermedad y la deslealtad.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Me escandaliza la poca o nula educación, la hipocresía y los seres malnacidos.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Ser psicóloga. O pintora.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Algo de yoga, caminar y estiramientos japoneses.

¿Sabe cocinar? Sí, dicen que mi tortilla esta rica.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A cualquier científico, médico o investigador que haya descubierto alguna vacuna. Contra la polio, el tifus, la meningitis… ¡Cuántos niños salvados!

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Humanidad.

¿Y la más peligrosa? Asesinato.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, pero dar una lección moralmente mortal, sí.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Derecho a vivir con dignidad, leyes justas sin arbitrariedades, inversión pública en Sanidad, Educación e infraestructuras. Soy socialdemócrata.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Un águila marina.

¿Cuáles son sus vicios principales? Vivir bien haciendo el bien.

¿Y sus virtudes? Sinceridad, amor propio, lealtad a mi misma y a mis amigos.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? La imagen de mi hijo cuando era bebé.

T. M.

lunes, 20 de julio de 2026

Entrevista capotiana a Cheche Parra

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Cheche Parra.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Una casa con mucha luz, jardín, piscina y, requisito indispensable, situada frente al mar.

¿Prefiere los animales a la gente? Me gustan mucho los animales, me producen una inmensa ternura, pero por el momento prefiero a las personas, al menos a las que están en mi vida.

¿Es usted cruel? En la vida real, creo y espero que no. Nunca tengo intención de lastimar a nadie, pero tampoco permito que lo hagan conmigo. En la ficción, cuando escribo, a veces no me queda más remedio que serlo, por el bien de la novela.

¿Tiene muchos amigos? La amistad es una de las facetas de mi vida en las que me considero más afortunada. Tengo muchos amigos, unos que vienen conmigo desde la niñez y la adolescencia, y otros que he ido conociendo por el camino y se han quedado para siempre.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? La inteligencia, la bondad, el sentido del humor, la lealtad, el respeto.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? Muy pocas veces. Quizás de más joven, cuando esperaba recibir lo mismo que yo daba. Pero con el tiempo aprendí que cada uno es como es y que, si incluyo a alguien en mi vida, he de hacerlo con sus virtudes y también con sus pequeños defectos. Por supuesto, si descubro maldad, aparto a esa persona de mi lado para siempre.

¿Es usted una persona sincera? Muy sincera, sobre todo si piden mi opinión o consejo, aunque siempre procuro no hacer daño con mis comentarios.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Me encanta pasar tiempo con mi gente, familia, amigos, reunidos alrededor de una buena mesa hablando de lo divino y humano, pero también procuro tener mi espacio en solitario para la lectura, ver series y películas, así como para ir al teatro y bañarme en el mar.

¿Qué le da más miedo? Que mis seres queridos lo pasen mal.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? ¡Uf! Intentaré ser breve. Me escandaliza que en pleno siglo XXI, con el acceso que tenemos a la información y al conocimiento, haya quien no piense por sí mismo y se deje arrastrar por todo tipo de discursos y consignas, sin cuestionarlas. Me preocupa tanto ese conformismo, esa falta de pensamiento crítico, como que se normalicen las dinámicas de manipulación. También me parece escandaloso y preocupante, que sigamos asistiendo con demasiada frecuencia a situaciones de violencia y delincuencia que afectan a tantas personas.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? He trabajado muchos años en comunicación y relaciones públicas hasta que decidí dedicarme por completo a la escritura. Siempre he sentido la necesidad de expresarme a través de la creatividad y el arte, como la interpretación, vocación que he desarrollado de manera amateur. También me hubiese gustado ser bailarina, cantante, pintora; y de pequeña decía que quería ser alfarera.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Hago pilates, camino todo lo que puedo y siempre subo por las escaleras.

¿Sabe cocinar? Sí, sobre todo me dedico cuando tengo tiempo. Me encanta y dicen que no se me da mal.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? A mi abuelo materno. Ojalá pudiera mantener una larga conversación con él para que me contara con detalle su vida, que da para una buena novela. Por desgracia, murió cuando yo era adolescente y no tuve ocasión de hacerle las preguntas que hoy le formularía.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Respeto (a los demás y a uno mismo).

¿Y la más peligrosa? Desesperanza, desilusión, miedo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Solo en la ficción, en mis novelas.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Estoy decepcionada con la política y ya no confío en que nadie me represente, así que hace mucho tiempo que no me pronuncio al respecto.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Me gustaría ser yo misma, pero con treinta años menos, para tener la energía y el tiempo de vivir todo lo que quiero hacer.

¿Cuáles son sus vicios principales? Soy una persona muy sociable, pero a la vez me encanta estar sola. Necesito silencio y tiempo conmigo misma para poder relajarme y recargarme de nuevo. Y en otro orden de cosas, ¿puedo decir que soy perfeccionista, maniática, y que lo que más me gusta es que me den masajes?

¿Y sus virtudes? Soy luchadora, resiliente, leal y respetuosa.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Espero no verme nunca en esa situación, pero supongo que intentaría pensar rápido para encontrar una salida.

T. M.