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domingo, 29 de abril de 2018

César Vallejo, por siempre


"No hay nada que temer. No hay nada que esperar. Siempre se está más o menos vivo. Siempre se está más o menos muerto."

César Vallejo
Ser poeta hasta el punto de dejar de serlo. 
Pensamientos, apuntes, esbozos (pág. 14)
Pre-Textos, Valencia, 2018

lunes, 31 de octubre de 2016

Divertimento aforístico-erótico-humorístico 3

Palabras florales, aeropuerto de Miami

La admiradora escribió a su sex-symbol favorito pidiéndole una cita. Dijo ser gorda y fea, pero irresistiblemente sexy. Tenía razón.
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Durante el acto, la tartamuda gimió hasta decir “te quiero” en código morse.
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Frente al televisor, miraba fijamente documentales sobre el apareamiento animal, mientras su mujer se adormecía, abierta en balde.
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Desesperado por una paciente bipolar de verborrea incansable, al logopeda no le quedó otra que recomendarle bucear todo el año, dormir más y sexo oral en grupo.
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Tenía fantasías tan originales, pero tan cursis, puritanas y mojigatas, que Disney le compró los derechos.
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Aprovechándose de las tragaderas de su desquiciante pareja, cometió el crimen perfecto cañoneándole sin avisar su semen envenenado.
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Su compañera de trabajo era tan polivalente, versátil y polifacética en todo, que para él fue una decepción que no fuera multiorgásmica.
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Profundamente creyente y maternal, la joven se consagraba, oh, a adorar con devoción el duro tótem de su futura fertilidad. Él solo quería follársela.
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El misionero, una vez destinado al remoto Himeneo, adaptó su postura para cubrir las necesidades de las vírgenes.
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Ante el escote de su editora jefa, el corrector de textos, “desacentuado” por la excitación, se ponía livido al no ser capaz de controlar su líbido.
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Ya muy avanzado su matrimonio, cedió a la rutina resignada de tener sexo únicamente cuando quería su mujer: cada día.

sábado, 29 de octubre de 2016

Divertimento aforístico-erótico-humorístico 2


Estatua del parque Cervantes, Barcelona

Era una pareja muy de siglo XXI: robótica y automatizada. Una noche a la semana, en cuanto ella se bajaba la falda, a él se le levantaba otra cosa.
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Casándose con aquella anciana, confió en detener en vano su lujuria.
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Los lametones de él fueron olas de mar para ella. Los de ella a él, un remolino.
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Tumbados juntos, pero como si estuvieran cada uno a solas en la cama, se tocaron. Él, con vasta prosa zambombante. Ella, con apretada poesía sigilosa.
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El grupo ciclista Punto G coronó el Monte de Venus, y el descenso fue una pequeña muerte.
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Ella insistió en preservar su castidad hasta que llegara el pornógrafo azul soñado.
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Cuando les sorprendió la tristeza del acabamiento del amor, se vieron arrastrados por la espiritualidad de lo carnal.
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Al mirar la papelera llena de condones, el soltero empedernido dijo adiós con nostalgia a su familia numerosa.
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Le pidió a su marido escultor que le hiciera un hijo, e hicieron el amor en el barro.
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El enamorado no podía dejar de mirarle los pechos orondos, orgulloso del tamaño que tras ellos guardaría su alma.

jueves, 27 de octubre de 2016

Divertimento aforístico-erótico-humorístico 1

Estatua del parque Cervantes, Barcelona

Solo era zurdo chutando el balón y masturbando a las mujeres.
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Tras el enésimo orgasmo de la noche, concluyeron que no se amaban y, con un casto beso, se despidieron hasta el próximo encuentro.
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Redundancia: le puso una guinda al pezón.
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Era una romántica empedernida. Se enamoró de él cuando, a cuatro patas, le pidió más y más adentro, pese a que le doliera aquella primera vez.
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Aunque ya no tuviera hambre después de cenar, Pepe, Manolo y Paco le proporcionaron un postre tres leches.
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Era tan melancólico… Eyaculaba solamente para el trámite del misticismo.
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Él era un hombre cuadriculado: tenía fijación por el triángulo delantero y el círculo trasero de su mujer.
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Cuando, en aquellos días del mes, retiró de ella su miembro entre rojos y blancos, se sintió un pintor incomprendido en plena performance.
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La nata se hizo líquida al contar 69.
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Su exquisita educación y carrera diplomática le llevaban siempre a pedirle permiso antes de violarla.
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Ella siempre le reprochaba que él se durmiera en seguida tras venir de copular con su amante. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Apuntes de un viejo diario patético encontrado de alguien que no soy yo pero que tiene mis manos


El amor me hará fuerte, me digo en esta travesía, para que la afectación, el drama, el pálpito del miedo quede aquí, en estos mensajes, y no vaya a ningún otro sitio. Hay que «dramatizarse» por dentro, para que la acción posterior sea una destilación alegre de esa dramatización.

Afán cristiano: poner la otra mejilla, con la frente alta, mirando el sol, tomando el sol, y que el mundo gire y vuele, y los pies queden pegándose a la tierra, y uno muera de pie, y lo entierren de pie, y lo quemen de pie, tomando el sol.

Escritura: enfermedad de soledad para compartir la soledad, creativa, con la Palabra.

De la música como consuelo. Lo que no hace el disgusto, el miedo, la desesperación día y noche, semana tras semana, de repente lo produce una canción. El sonido abstracto arranca las lágrimas, qué cosa más extraña.

Al mal tiempo, el mejor cuerpo: ejercicio cada mañana, camisa limpia, sonrisa fresca. Que las mujeres y los niños me digan cosas bonitas por la calle en silencio y sin reparar que existo. El alma ha de elevarse con la propia fuerza, para que el corazón no se encharque en su sangre paralizada.

Frío por dentro, lágrimas secas, viento en los árboles, ríos y puentes sin suicidas: un poema que no puede salir y abordar el barco del ritmo. Qué mediocre uno, qué soñador maldito.

Hay que amar, por encima de que a uno le amen, decía en una entrevista Borges. Orgullo romántico, ahora puesto de manifiesto. Las piernas siguen temblando, pero siguen vivas.

Paciencia en las adversidades, decía Cervantes. Angustia compartida, angustia adormecida, me digo yo cuatrocientos años después.

Llegué a la alegría por el dolor, escribió José Hierro. Hay que sufrir para algo, por algo, pues el dolor que sólo mira su dolor mata, y hay que vivir: que el dolor sirva para que el dolor pase, y que sólo haya espacio para la calma. Futuro es el minuto siguiente, mi gesto de seducción presente ante el mundo.

Es curiosa la sensación: la de estar en una pesadilla, pero caminar con la mayor lucidez, con la luz que todo lo atraviesa. Al lado hay brasas, y viento helado, pero uno pasea, triste, ajeno a la inclemencia y a la vez afectado por ella.

La caricia, cuando no existe, existe, es decir, existe su ausencia. La ausencia es anormalidad. El animal se restriega, lame, gime en la normalidad. Lo que hace a ese animal humano inusual, imperfecto, mutilado, es la falta de contacto. Lo vuelve una planta que respira, lo vuelve un viejo lento que sólo puede amar con el corazón.

De la salvación en los niños. Ese es el máximo consuelo, la mayor plataforma: una frase ingeniosa, un pequeño descubrimiento, un juego infantil despierta la sonrisa, y la tragedia interior se disipa como si el aire difuminara la niebla. La salvación, mi salvación.

Ante la pérdida y el dolor, éxtasis vital. La muerte celebra la vida, la aguda angustia se vuelve del revés, y el deseo emprendedor, seductor, altanero se yergue, un tanto ficticiamente, es cierto. Autoanimarse es síntoma de supervivencia, y nada más, de egoísmo innato y noble.

«¿No ves que no tienes importancia, absolutamente ninguna?» (Fernando Pessoa)

domingo, 28 de abril de 2013

¿Qué es el narrador en el siglo XXI?


::: un proyecto constante: una mutación: un desorden ampuloso, en busca de la síntesis o el desvarío, a lo largo de miles de páginas que tal vez no acaben siendo escritas: un ser anclado y liberado, solo y perseguido por las prisas: corazón latente que muere con un arte que le hace volar pero a la vez le mantiene en el subterráneo de la tradición: una delgada línea parecida a un horizonte convertido en electrocardiograma lleno de sorpresas y miedos: un caminante quieto cuyo destino es observar y nombrar: alguien que sobra en un mundo ruidosovisual, ciencianarrativo y tecnoeconómico: un artesano en busca del prestigio perdido, de reencontrarse con lo que un día imaginó escribir: un individuo que huye para quedarse donde está: un mendicante, un anónimo ego hinchado creando en los límites del fracaso de lo indecible, la palabra y el insoportable silencio :::

martes, 2 de noviembre de 2010

Gorki citando a Tolstói

Foto: en el centro de Islandia

"Las personas son troncos, raíces, piedras,
te tropiezas con ellas y a veces te dañan."

Frase anotada por Maxim Gorki, en
Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev (Nortesur, 2009)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mi lema de vida


"Amo la verdad... mucho... Amo la verdad."
Últimas palabras, a su hijo Serguéi, de Lev Tolstói

"Yo hubiera aceptado como lema: La verdad siempre; el sueño, a veces. La verdad como verdad, base de la vida y de la ciencia; la fantasía y el sueño en su esfera."
Pío Baroja, "La formación psicológica del escritor"
(discurso de ingreso en la Academia Española)

"La Belleza es la Verdad, y la Verdad, Belleza:
Eso es todo lo que en la tierra sabes, y tienes que saber."
John Keats, "A una urna griega"

jueves, 25 de febrero de 2010

¡Qué razón tienes, Andrés Trapiello!

Foto: Cristóbal Manuel (El País)
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«La extravagancia suele ser la delación de la falta de talento verdadero. Siempre he tenido la impresión de que de cada cien extravagantes, noventa y nueve valen noventa y nueve veces menos de lo que creen valer» (pág. 71).

«El siglo XX ha sido el de las modas. Las han llamado “ismos” para darles cierta reputación y quitarles lo que tienen de superficiales, artificiales y baratas. (...) El XX ha sido el siglo de los decorativos, de los perfumistas y de los modistos» (pág. 171).

«Claro que decimos entonces: leer es ya vivir, una forma de vida. Pero todos sabemos que no es así. Lo decimos, pero un fondo de nosotros sabe perfectamente que la literatura es siempre manifestación de un fracaso y, oh paradoja, en muchos casos, el único paliativo de ese mismo fracaso» (pág. 365).
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«Desde que se ha confundido el cultivo con la cultura y la cultura con la industria cultural, la mayoría de los intelectuales quieren convertirse en industriales y empresarios de sí mismos» (pág. 405).
De Troppo vero (Pre-Textos, Valencia, 2009)

martes, 17 de noviembre de 2009

Apuntes volviendo de Isla Negra

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Siento el temor de estar demasiado vivo.
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Dulcedumbre, qué bella palabra hallada en un verso de G. Mistral, 'dulzura, suavidad', en «Los sonetos de la muerte».
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El poeta es el que tiene toda nuestra memoria, pero ha borrado nuestros nombres. Lo recuerda todo de todos, pero nada de cada uno de nosotros.

(Autopista de Santiago, en el autocar, 8-XI-2009)

sábado, 24 de octubre de 2009

Aforismos escritos en verano para una película que descubriré en octubre

«El poeta es el que no puede, porque no debe, romper con el pasado»…
es lo que va a llevar a la práctica un abogado con aspiraciones narrativas, al jubilarse, en El secreto de sus ojos. Benjamín Espósito, el personaje que encarna Ricardo Darín, es incapaz de desprenderse de una vieja obsesión relacionada con un caso truculento. Él vive en el pasado, reconstruyendo lo que pudo ocurrir en relación con una joven asesinada, pero, en realidad, ansía quedarse atrás, en los años en los que amó a su jefa, contrapunto de la historia: ella, la doctora en leyes Irene, interpretada por Soledad Villamil, sólo mira hacia adelante: «El pasado no es mi jurisdicción», dice esa mujer casada de vida estable frente a su tímido enamorado, frente a su valiente hombre de acción en cuestiones judiciales. Es el amor insinuado pero incompleto de El mismo amor, la misma lluvia, la otra obra maestra de Juan José Campanella, que reunió a los dos mismos protagonistas. Amor, amor, amor, y eternas soledades.
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«Amé en legítima defensa»…
escribí, también, volviendo a casa un día, en mitad de una calle descendente, de vuelta a la soledad de juguetes y bromas. Pero hasta ayer, mediante un personaje ficticio, tales palabras no se levantan de su siesta aforística y confesional para tener cuerpo y sangre. Espósito sigue amando a su jefa, convertida ya en amiga y cómplice en el laburo, y lo hace en parte para dar significado a una vida «llena de nada», por decirlo con una expresión que él mismo usa frente a ella. El pasado es el amor que tuvo; el presente, olvidarse de ese romanticismo pretérito. Es decir, la nada. Por ello hay que concretar los recuerdos en un caso, y hacer de ello un intento de novela. El manuscrito será la vía para regresar a Irene, para que ella también haga ese tránsito hacia el pasado y lo que pudo ser y no fue. Espósito ama a una mujer para defender su vida, para atrincherarla, y eso hacemos todos: amar al que nos besa y mata cada día, para confiar en aquello en lo que apostamos y que dio significado y destino a nuestras decisiones.