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domingo, 29 de abril de 2018
lunes, 31 de octubre de 2016
Divertimento aforístico-erótico-humorístico 3
Palabras florales, aeropuerto de Miami
La admiradora
escribió a su sex-symbol favorito
pidiéndole una cita. Dijo ser gorda y fea, pero irresistiblemente sexy. Tenía
razón.
*
Durante el
acto, la tartamuda gimió hasta decir “te quiero” en código morse.
*
Frente al
televisor, miraba fijamente documentales sobre el apareamiento animal, mientras
su mujer se adormecía, abierta en balde.
*
Desesperado por
una paciente bipolar de verborrea incansable, al logopeda no le quedó otra que
recomendarle bucear todo el año, dormir más y sexo oral en grupo.
*
Tenía
fantasías tan originales, pero tan cursis, puritanas y mojigatas, que Disney le
compró los derechos.
*
Aprovechándose
de las tragaderas de su desquiciante pareja, cometió el crimen perfecto cañoneándole
sin avisar su semen envenenado.
*
Su compañera
de trabajo era tan polivalente, versátil y polifacética en todo, que para él
fue una decepción que no fuera multiorgásmica.
*
Profundamente
creyente y maternal, la joven se consagraba, oh, a adorar con devoción el duro tótem
de su futura fertilidad. Él solo quería follársela.
*
El misionero,
una vez destinado al remoto Himeneo, adaptó su postura para cubrir las necesidades
de las vírgenes.
*
Ante el escote
de su editora jefa, el corrector de textos, “desacentuado” por la excitación, se
ponía livido al no ser capaz de
controlar su líbido.
*
Ya muy avanzado
su matrimonio, cedió a la rutina resignada de tener sexo únicamente cuando quería
su mujer: cada día.sábado, 29 de octubre de 2016
Divertimento aforístico-erótico-humorístico 2
Estatua del parque Cervantes, Barcelona
Era una pareja
muy de siglo XXI: robótica y automatizada. Una noche a la semana, en cuanto
ella se bajaba la falda, a él se le levantaba otra cosa.
*
Casándose con
aquella anciana, confió en detener en vano su lujuria.
*
Los lametones
de él fueron olas de mar para ella. Los de ella a él, un remolino.
*
Tumbados
juntos, pero como si estuvieran cada uno a solas en la cama, se tocaron. Él,
con vasta prosa zambombante. Ella, con apretada poesía sigilosa.
*
El grupo
ciclista Punto G coronó el Monte de Venus, y el descenso fue una pequeña
muerte.
*
Ella insistió
en preservar su castidad hasta que llegara el pornógrafo azul soñado.
*
Cuando les
sorprendió la tristeza del acabamiento del amor, se vieron arrastrados por la
espiritualidad de lo carnal.
*
Al mirar la
papelera llena de condones, el soltero empedernido dijo adiós con nostalgia a
su familia numerosa.
*
Le pidió a su
marido escultor que le hiciera un hijo, e hicieron el amor en el barro.
*
El enamorado no
podía dejar de mirarle los pechos orondos, orgulloso del tamaño que tras ellos guardaría
su alma.jueves, 27 de octubre de 2016
Divertimento aforístico-erótico-humorístico 1
Estatua del parque Cervantes, Barcelona
Solo era zurdo
chutando el balón y masturbando a las mujeres.
*
Tras el
enésimo orgasmo de la noche, concluyeron que no se amaban y, con un casto beso,
se despidieron hasta el próximo encuentro.
*
Redundancia:
le puso una guinda al pezón.
*
Era una
romántica empedernida. Se enamoró de él cuando, a cuatro patas, le pidió más y
más adentro, pese a que le doliera aquella primera vez.
*
Aunque ya no
tuviera hambre después de cenar, Pepe, Manolo y Paco le proporcionaron un
postre tres leches.
*
Era tan
melancólico… Eyaculaba solamente para el trámite del misticismo.
*
Él era un
hombre cuadriculado: tenía fijación por el triángulo delantero y el círculo
trasero de su mujer.
*
Cuando, en
aquellos días del mes, retiró de ella su miembro entre rojos y blancos, se
sintió un pintor incomprendido en plena performance.
*
La nata se
hizo líquida al contar 69.
*
Su exquisita
educación y carrera diplomática le llevaban siempre a pedirle permiso antes de
violarla.
*
Ella siempre
le reprochaba que él se durmiera en seguida tras venir de copular con su
amante. lunes, 14 de octubre de 2013
Apuntes de un viejo diario patético encontrado de alguien que no soy yo pero que tiene mis manos
El amor me hará fuerte, me
digo en esta travesía, para que la afectación, el drama, el pálpito del miedo
quede aquí, en estos mensajes, y no vaya a ningún otro sitio. Hay que «dramatizarse»
por dentro, para que la acción posterior sea una destilación alegre de esa
dramatización.
Afán cristiano: poner la
otra mejilla, con la frente alta, mirando el sol, tomando el sol, y que el
mundo gire y vuele, y los pies queden pegándose a la tierra, y uno muera de
pie, y lo entierren de pie, y lo quemen de pie, tomando el sol.
Escritura: enfermedad de
soledad para compartir la soledad, creativa, con la Palabra.
De la música como consuelo.
Lo que no hace el disgusto, el miedo, la desesperación día y noche, semana tras
semana, de repente lo produce una canción. El sonido abstracto arranca las
lágrimas, qué cosa más extraña.
Al mal tiempo, el mejor
cuerpo: ejercicio cada mañana, camisa limpia, sonrisa fresca. Que las mujeres y
los niños me digan cosas bonitas por la calle en silencio y sin reparar que existo.
El alma ha de elevarse con la propia fuerza, para que el corazón no se
encharque en su sangre paralizada.
Frío por dentro, lágrimas
secas, viento en los árboles, ríos y puentes sin suicidas: un poema que no
puede salir y abordar el barco del ritmo. Qué mediocre uno, qué soñador
maldito.
Hay que amar, por encima de
que a uno le amen, decía en una entrevista Borges. Orgullo romántico, ahora
puesto de manifiesto. Las piernas siguen temblando, pero siguen vivas.
Paciencia en las
adversidades, decía Cervantes. Angustia compartida, angustia adormecida, me
digo yo cuatrocientos años después.
Llegué a la alegría por el
dolor, escribió José Hierro. Hay que sufrir para algo, por algo, pues el dolor
que sólo mira su dolor mata, y hay que vivir: que el dolor sirva para que el
dolor pase, y que sólo haya espacio para la calma. Futuro es el minuto
siguiente, mi gesto de seducción presente ante el mundo.
Es curiosa la sensación: la
de estar en una pesadilla, pero caminar con la mayor lucidez, con la luz que
todo lo atraviesa. Al lado hay brasas, y viento helado, pero uno pasea, triste,
ajeno a la inclemencia y a la vez afectado por ella.
La caricia, cuando no
existe, existe, es decir, existe su ausencia. La ausencia es anormalidad. El
animal se restriega, lame, gime en la normalidad. Lo que hace a ese animal
humano inusual, imperfecto, mutilado, es la falta de contacto. Lo vuelve una
planta que respira, lo vuelve un viejo lento que sólo puede amar con el
corazón.
De la salvación en los
niños. Ese es el máximo consuelo, la mayor plataforma: una frase ingeniosa, un
pequeño descubrimiento, un juego infantil despierta la sonrisa, y la tragedia
interior se disipa como si el aire difuminara la niebla. La salvación, mi
salvación.
Ante la pérdida y el dolor,
éxtasis vital. La muerte celebra la vida, la aguda angustia se vuelve del
revés, y el deseo emprendedor, seductor, altanero se yergue, un tanto
ficticiamente, es cierto. Autoanimarse es síntoma de supervivencia, y nada más,
de egoísmo innato y noble.
«¿No ves que no tienes
importancia, absolutamente ninguna?» (Fernando Pessoa)
domingo, 28 de abril de 2013
¿Qué es el narrador en el siglo XXI?
::: un
proyecto constante: una mutación: un desorden ampuloso, en busca de la síntesis
o el desvarío, a lo largo de miles de páginas que tal vez no acaben siendo
escritas: un ser anclado y liberado, solo y perseguido por las prisas: corazón
latente que muere con un arte que le hace volar pero a la vez le mantiene en el
subterráneo de la tradición: una delgada línea parecida a un horizonte
convertido en electrocardiograma lleno de sorpresas y miedos: un caminante
quieto cuyo destino es observar y nombrar: alguien que sobra en un mundo
ruidosovisual, ciencianarrativo y tecnoeconómico: un artesano en busca del
prestigio perdido, de reencontrarse con lo que un día imaginó escribir: un
individuo que huye para quedarse donde está: un mendicante, un anónimo ego
hinchado creando en los límites del fracaso de lo indecible, la palabra y el
insoportable silencio :::
martes, 2 de noviembre de 2010
Gorki citando a Tolstói
te tropiezas con ellas y a veces te dañan."
Frase anotada por Maxim Gorki, en
Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev (Nortesur, 2009)
viernes, 10 de septiembre de 2010
Mi lema de vida
"Amo la verdad... mucho... Amo la verdad."
Últimas palabras, a su hijo Serguéi, de Lev Tolstói
"Yo hubiera aceptado como lema: La verdad siempre; el sueño, a veces. La verdad como verdad, base de la vida y de la ciencia; la fantasía y el sueño en su esfera."
Pío Baroja, "La formación psicológica del escritor"
(discurso de ingreso en la Academia Española)
"La Belleza es la Verdad, y la Verdad, Belleza:
Eso es todo lo que en la tierra sabes, y tienes que saber."
John Keats, "A una urna griega"
jueves, 25 de febrero de 2010
¡Qué razón tienes, Andrés Trapiello!
.
«La extravagancia suele ser la delación de la falta de talento verdadero. Siempre he tenido la impresión de que de cada cien extravagantes, noventa y nueve valen noventa y nueve veces menos de lo que creen valer» (pág. 71).
«El siglo XX ha sido el de las modas. Las han llamado “ismos” para darles cierta reputación y quitarles lo que tienen de superficiales, artificiales y baratas. (...) El XX ha sido el siglo de los decorativos, de los perfumistas y de los modistos» (pág. 171).
«Claro que decimos entonces: leer es ya vivir, una forma de vida. Pero todos sabemos que no es así. Lo decimos, pero un fondo de nosotros sabe perfectamente que la literatura es siempre manifestación de un fracaso y, oh paradoja, en muchos casos, el único paliativo de ese mismo fracaso» (pág. 365).
«El siglo XX ha sido el de las modas. Las han llamado “ismos” para darles cierta reputación y quitarles lo que tienen de superficiales, artificiales y baratas. (...) El XX ha sido el siglo de los decorativos, de los perfumistas y de los modistos» (pág. 171).
«Claro que decimos entonces: leer es ya vivir, una forma de vida. Pero todos sabemos que no es así. Lo decimos, pero un fondo de nosotros sabe perfectamente que la literatura es siempre manifestación de un fracaso y, oh paradoja, en muchos casos, el único paliativo de ese mismo fracaso» (pág. 365).
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«Desde que se ha confundido el cultivo con la cultura y la cultura con la industria cultural, la mayoría de los intelectuales quieren convertirse en industriales y empresarios de sí mismos» (pág. 405).
De Troppo vero (Pre-Textos, Valencia, 2009)
martes, 17 de noviembre de 2009
Apuntes volviendo de Isla Negra
.
*
Dulcedumbre, qué bella palabra hallada en un verso de G. Mistral, 'dulzura, suavidad', en «Los sonetos de la muerte».
*
El poeta es el que tiene toda nuestra memoria, pero ha borrado nuestros nombres. Lo recuerda todo de todos, pero nada de cada uno de nosotros.
(Autopista de Santiago, en el autocar, 8-XI-2009)
sábado, 24 de octubre de 2009
Aforismos escritos en verano para una película que descubriré en octubre
«El poeta es el que no puede, porque no debe, romper con el pasado»…
es lo que va a llevar a la práctica un abogado con aspiraciones narrativas, al jubilarse, en El secreto de sus ojos. Benjamín Espósito, el personaje que encarna Ricardo Darín, es incapaz de desprenderse de una vieja obsesión relacionada con un caso truculento. Él vive en el pasado, reconstruyendo lo que pudo ocurrir en relación con una joven asesinada, pero, en realidad, ansía quedarse atrás, en los años en los que amó a su jefa, contrapunto de la historia: ella, la doctora en leyes Irene, interpretada por Soledad Villamil, sólo mira hacia adelante: «El pasado no es mi jurisdicción», dice esa mujer casada de vida estable frente a su tímido enamorado, frente a su valiente hombre de acción en cuestiones judiciales. Es el amor insinuado pero incompleto de El mismo amor, la misma lluvia, la otra obra maestra de Juan José Campanella, que reunió a los dos mismos protagonistas. Amor, amor, amor, y eternas soledades.
*
«Amé en legítima defensa»…
escribí, también, volviendo a casa un día, en mitad de una calle descendente, de vuelta a la soledad de juguetes y bromas. Pero hasta ayer, mediante un personaje ficticio, tales palabras no se levantan de su siesta aforística y confesional para tener cuerpo y sangre. Espósito sigue amando a su jefa, convertida ya en amiga y cómplice en el laburo, y lo hace en parte para dar significado a una vida «llena de nada», por decirlo con una expresión que él mismo usa frente a ella. El pasado es el amor que tuvo; el presente, olvidarse de ese romanticismo pretérito. Es decir, la nada. Por ello hay que concretar los recuerdos en un caso, y hacer de ello un intento de novela. El manuscrito será la vía para regresar a Irene, para que ella también haga ese tránsito hacia el pasado y lo que pudo ser y no fue. Espósito ama a una mujer para defender su vida, para atrincherarla, y eso hacemos todos: amar al que nos besa y mata cada día, para confiar en aquello en lo que apostamos y que dio significado y destino a nuestras decisiones.
es lo que va a llevar a la práctica un abogado con aspiraciones narrativas, al jubilarse, en El secreto de sus ojos. Benjamín Espósito, el personaje que encarna Ricardo Darín, es incapaz de desprenderse de una vieja obsesión relacionada con un caso truculento. Él vive en el pasado, reconstruyendo lo que pudo ocurrir en relación con una joven asesinada, pero, en realidad, ansía quedarse atrás, en los años en los que amó a su jefa, contrapunto de la historia: ella, la doctora en leyes Irene, interpretada por Soledad Villamil, sólo mira hacia adelante: «El pasado no es mi jurisdicción», dice esa mujer casada de vida estable frente a su tímido enamorado, frente a su valiente hombre de acción en cuestiones judiciales. Es el amor insinuado pero incompleto de El mismo amor, la misma lluvia, la otra obra maestra de Juan José Campanella, que reunió a los dos mismos protagonistas. Amor, amor, amor, y eternas soledades.
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«Amé en legítima defensa»…
escribí, también, volviendo a casa un día, en mitad de una calle descendente, de vuelta a la soledad de juguetes y bromas. Pero hasta ayer, mediante un personaje ficticio, tales palabras no se levantan de su siesta aforística y confesional para tener cuerpo y sangre. Espósito sigue amando a su jefa, convertida ya en amiga y cómplice en el laburo, y lo hace en parte para dar significado a una vida «llena de nada», por decirlo con una expresión que él mismo usa frente a ella. El pasado es el amor que tuvo; el presente, olvidarse de ese romanticismo pretérito. Es decir, la nada. Por ello hay que concretar los recuerdos en un caso, y hacer de ello un intento de novela. El manuscrito será la vía para regresar a Irene, para que ella también haga ese tránsito hacia el pasado y lo que pudo ser y no fue. Espósito ama a una mujer para defender su vida, para atrincherarla, y eso hacemos todos: amar al que nos besa y mata cada día, para confiar en aquello en lo que apostamos y que dio significado y destino a nuestras decisiones.
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