sábado, 1 de agosto de 2026

Entrevista capotiana a Diego Rodríguez Reis

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Diego Rodríguez Reis.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? Desde niño, siempre soñé con un espacio reducido donde poder leer y escribir sin ningún tipo de incomodidad (muy a lo Kafka). La palabra “búnker” es una de mis palabras preferidas de todas las lenguas.

¿Prefiere los animales a la gente? En general, no. En particular, sí.

¿Es usted cruel? Creo que la crueldad (como la envidia, los celos o el rencor) precisan una constancia de la que carezco por completo.

¿Tiene muchos amigos? No, muy pocos, circunstancia que deploro cual lamento en ciertas ocasiones y celebro en otras.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? Creo que la amistad es como el amor (es una de las formas del amor). Es decir, en ese universo, uno no busca, sino que encuentra. Mis amigos son perfectos e imperfectos así tal cual son.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? No, tal vez porque no espero de ellos cosas que sé que no me pueden dar. Suena a verdad de Perogrullo, pero si un amigo te decepciona, habría que revisar nuestra definición personal de amistad, o la letra chica de ese contrato tácito de amistad.

¿Es usted una persona sincera? Por lo general, sí: ello me suele acarrear tiempo de debates y discusiones. Por otra parte, debatir y discutir son de mis actividades predilectas.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, escribiendo, mirando “One Piece” o pelis policiales de los años cuarenta.

¿Qué le da más miedo? Perder la poca lucidez mental que tengo. Perder a la gente que quiero.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? Ver a alguien o a un pueblo tropezar dos, tres o cien veces con la misma piedra.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me cuesta horrores imaginarlo, pero creo que algo relacionado con la jardinería o el paisajismo (aunque veo un filo creativo también allí).

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Juego al fútbol 5 todos los domingos. Hago bicifija día por medio mirando documentales de cualquier índole.

¿Sabe cocinar? Me encanta cocinar de todo, desde lo más básico a lo más complejo: me gusta hacer pan, asados, empanadas, guisos. Y cada tanto, algo nuevo: mi aprendizaje más reciente fue el ramen, sigo practicando.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Dos: a Diego Armando Maradona o al cineasta Tarsem Singh.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Memoria.

¿Y la más peligrosa? Olvido.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? No, creo que no.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? Las que incluyen a todos los habitantes de un pueblo, las que se ocupan de todas las dimensiones de las necesidades de un pueblo. El nombre es lo de menos, creo.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Uh, guionista de cine, en el Hollywood de los cuarenta; o en el plano de la ficción, ser Watson, ser el mejor y único amigo de Holmes.

¿Cuáles son sus vicios principales? La lectura, los puzles, los buenos vinos.

¿Y sus virtudes? Creo que soy un buen profesor de Lengua y Literatura; y un mejor tallerista de Escritura Creativa. Y un escritor tolerable, a veces.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Escenas del cine y la literatura, supongo, soy muy intertextual: pensaría en la escena de Ulises llegando a la isla de los feacios; en el cuento “El nadador” de Ricardo Piglia; en la “Solaris” de Stanislav Lem y en la “Solaris” de Tarkovsky; y en ese planeta todo de agua en “Interestelar”. Y en el hermoso día en que nacieron mis hijos, claro, todo eso en el mismo instante eterno.

T. M.